• Acompaño desde lo que soy

    Acompaño desde lo que soy


    no es entrar en su historia ni sostener lo que no me pertenece.

    Acompañar es algo más simple, más humilde, más vivo:
    es estar sin invadir, mirar sin juzgar, escuchar sin retener.

    Con los años descubro que, cuando dejo de intervenir,
    la vida pone cada cosa en su sitio.

    Entonces mi presencia calma,
    mi silencio ordena,
    y mi mirada —cuando es limpia—
    le recuerda al otro que existe un modo más suave de vivir.

    Acompañar es un acto de libertad compartida:
    yo soy yo, el otro es él,
    y entre ambos solo queda el espacio donde la verdad respira.

    La madurez espiritual tiene mucho de esto:
    no empujar, no salvar, no ocupar.
    Ser. Estar. Atender.
    Y desde ahí, ofrecer.

  • 🌌 Bendito Sesha… Siempre en nosotros

    🌌 Bendito Sesha… Siempre en nosotros

    Bendito Sesha
    Siempre en nosotros

    No lo esperaba… aunque el alma parece saberlo antes que la mente.
    Al recibir la noticia, el silencio fue mi única palabra.

    El maestro Sesha regresó al hogar.

    Sesha fue uno de esos seres que no enseñan, sino que recuerdan lo que ya somos.
    Su voz, tan serena, hablaba desde un lugar donde el pensamiento ya había callado.
    Hoy su forma se disuelve, pero su presencia permanece en lo esencial:
    en la atención, en la calma, en la certeza de que la conciencia nunca muere.

    Bendito Sesha…
    por haber dejado huellas de claridad en quienes te escuchamos,
    por haber hecho del Advaita algo vivo y cotidiano.

    No hay despedida para quien habita en el Ser.
    El Amor no se apaga, solo cambia de forma.



  • 💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    Reflexión inicial:

    Cuando uno se acepta tal y como es —con sus defectos y habilidades— nace el amarse.
    Descubre que acepta cuanto la vida propone, porque sabe que son lecciones a ser atendidas para seguir evolucionando en sí mismo.

    Seguidamente, resurge el amor que uno es y siempre fue,
    simplemente olvidado, tapado por un velo que el ego trataba de mantener fijado y mantenernos ciegos.

    Conforme uno se redescubre, se reinventa, y se abre a transmitir lo que siente sin temor al rechazo, comprende que jamás puede ser atacado;
    porque en su mirada, todo se vuelve amor:
    amor en lo que observa y en lo que atiende.

    No hay palabras para describir aquello que yace en uno,
    esa energía amorosa sin igual.


    Carta de Albert Einstein a su hija

    Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía.
    Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

    Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor,
    un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio,
    el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta.
    Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

    Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl,
    comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede,
    porque el amor es la quintaesencia de la vida.

    Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida.
    Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.

  • Bleu y las luces del teclado

    🌠 Bleu y las luces del teclado

    Jugaba.
    Cada tecla encendía un color y una sonrisa.
    El niño no buscaba nada, solo miraba la vida encenderse bajo sus dedos.

    Alguien podría pensar que era “demasiada pantalla”,
    pero a veces la conciencia también se manifiesta a través de un led,
    de una luz que parpadea y enseña el milagro del instante.

    Prohibir no siempre educa;
    acompañar, sí.
    El alma del niño no necesita límites rígidos,
    sino presencia que sostenga su curiosidad.

    💠

    “La inocencia no conoce peligro:
    solo necesita ser mirada con amor.”

    “Educar no es apagar la luz,
    sino acompañar su brillo.”

  • El dolor como energía que sigue viva

    Reflexión sobre la conciencia corporal y el dolor

    Hay días en que el dolor parece tener voluntad propia. No se calma, no obedece, no avisa.

    Simplemente está.

    Durante mucho tiempo lo interpreté como un enemigo, como algo que debía vencer o suprimir.

    Hasta que comprendí que, tal vez, el dolor no es un castigo ni una señal de debilidad, sino energía pura: la misma energía que sostiene la vida, solo qué desbordada, buscando un cauce.

    Cuando el cuerpo fue herido, las señales que antes significaban movimiento, presión, contacto, comenzaron a llegar distorsionadas. El cerebro, desconcertado, las tradujo como dolor.

    Pero el dolor no es más que información intensa.

    Y la Conciencia puede aprender a escuchar esa intensidad sin miedo.

    He descubierto que cuando estoy presente, cuando hablo desde el corazón o dibujo en silencio, esa energía se transforma. No desaparece, pero se suaviza.

    El dolor deja de ser un grito y se convierte en un susurro que me recuerda que sigo vivo.

    El cuerpo interpreta, pero el alma comprende. Cuando el gesto nace del afecto —como aquel día que toqué el brazo de un amigo con mi mano herida— no hay dolor.

    Porque la mente no teme.

    Entonces siento que el dolor no era más que el eco del miedo a sentir.

    Cuando el miedo se disuelve, la energía fluye, y en su lugar queda la vida, tal como es.

    No busco consuelo, ni heroísmo, ni compasión.

    Solo la verdad simple: el dolor forma parte de mí,

    como la respiración, la luz o la palabra.

    No lo rechazo ni lo glorifico.

    Lo reconozco, lo abrazo, y sigo.

    Porque, en el fondo, el dolor también es energía que quiere moverse, y mientras se mueve, sigo vivo.

    “Porque no se trata de empujar la vida, sino de acompañarla despiertos.”

  • Aplazar

    APLAZAR

    Es un gesto humano, sí, lo sé; lo he observado en innumerables ocasiones a través del entorno social. Antes me resultaba incomprensible y me preguntaba: ¿para qué aplazar?, ¿para qué dejarlo para otro año, para otro mes, para otra semana, para mañana, para después…? Me parecía absurdo, desde mi propia experiencia.

    Aprendí desde la infancia a actuar. No me quedó otra opción: o actuaba, o quedaba anclado por las circunstancias. Aprendí a no dejar para después, sino a afrontar de inmediato aquello que surgiera, resolverlo para proseguir con ligereza el camino.

    Quien no es consciente de ello —de “aplazar”— vive, tal vez, atrapado en un ciclo interminable de repeticiones.

    Y sigo observándome. Detecto cuándo se crea el gesto de aplazar creyendo que este instante no es el adecuado, que habrá un mejor momento. ¿Y qué mejor momento podría haber que el ahora, si no existe otro?

    Es interesante observarlo, reflexionarlo y contemplar compasivamente —sin juicio— los hábitos que sumergen ciegamente en la ignorancia a quienes no ven.

    Al hacerlo, suelo sonreír esperanzado: comprendí tiempo atrás que todos tienen su tiempo, su ritmo, y que tal vez este no sea su instante indicado. Cada cual vive lo que le corresponde para su aprendizaje.

    Yo no sé el para qué de sus actos, ni tengo interés en que comprendan los míos. Bastante tengo con aprender sobre mí mismo, reconocer mis errores y resolverlos. Afortunadamente, hoy puedo detectarlos al instante, incluso observarlos antes de cometerlos, y así elegir otro modo de proceder.

    A veces uno querría tomar al sujeto por los brazos y sacudirlo, a ver si así despertara del sueño en que anda sumergido…

    Y no, ese no es nuestro cometido, sino el de resolver nuestros propios asuntos: aquellos que aguardan ser atendidos.

    Todo Ser experimenta lo que necesita vivir para trascenderlo.

    Tal vez lo logre, tal vez no. Dependerá, supongo, de la confianza y la perseverancia de cada cual.

    Solo deseo que lo vivan lo mejor que sepan y puedan.

    “Porque no se trata de empujar la vida, sino de acompañarla despiertos.”

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • Cuánto experimento

    El pasado fin de semana conocí a un joven «del cual guardaré el anonimato, pues no hay para qué dar la información». Fue un descubrir no premeditado. Lo observé entrar mientras finalizaba mi almuerzo y saboreaba el resto de la copa de vino tinto. El joven se acercó a la barra, luego a la terraza «supongo, tal vez observando el entorno». Al regresar al interior pude sentir su mirada, aunque yo miraba hacia otra dirección. Casi sin proponérmelo, opté por mirarlo a los ojos; en ese instante se adelantó a la mesa y me preguntó:

    —¿Eres usted de aquí?
    Así es, joven, desde hace diez meses, noviembre de 2024, le respondí.
    —Es que yo he llegado a este pueblo hace tres semanas.
    ¿Quieres sentarte y acompañarme? Tienes mi permiso e invitación, indicándole la silla con mano alzada.

    El joven inmediatamente tomó la silla y se acomodó. Aquello lo sentí como algo que debía ser experimentado, algo que surgía desde el permitirse vivir, vivenciar. El inicio fue una serie de preguntas por su parte según aquello que interpretaba al mirar el cuerpo, a las que gratamente le respondí usando un diálogo explícito, específico, en primera persona, en presente «—como quien relata una experiencia reviviéndola—. Para que comprendiera lo que le explicaba, le mostré fotos que guardo en el teléfono: de mis tiempos en el culturismo, de mi etapa de ciclista, y también imágenes de la fractura conminuta de C1 (el Atlas, hecho trizas), y de C6 y C7. Porque no cualquiera puede hacerse una idea de lo que significa haber pasado por eso.

    En cierto instante de compartir ideas y experiencias, el joven me pidió un momento de pausa:

    —¿Te puedo pedir que paremos un momento? Es que hay mucha información que necesito asimilar. Desprendes una energía muy intensa… pero es una energía muy agradable, que impulsa, que motiva.

    Acepté y le respondí:
    —Tómate tu tiempo.

    Se retiró unos minutos. Aproveché su ausencia para pagar la cuenta. Cuando regresó, retomamos la conversación con más calma. Minutos después, añadió:.

    —Vamos a dejarlo aquí. Quiero procesar toda esta información. Libera usted una energía intensa, una vibración que solo puedo describir como amor.

    Al salir del bar, en medio de la despedida, me preguntó:

    —He estudiado para ser coach, como tú lo fuiste. ¿Crees que puedo hacerlo?

    Observé cómo surgía en mí la respuesta inmediata del ego que quiere decir “sí”, pretendiendo saber. Hice silencio, lo miré a los ojos, coloqué mi mano derecha sobre su corazón y le dije:
    —Escucha esto: si aquello que deseas realizar, al observarlo, te aporta paz, hazlo. Y si no, no lo hagas.

    Entonces le pregunté:

    ¿Acompañar a personas para que obtengan una vida saludable te aporta paz?
    —Sí, mucho.
    Ya tienes la respuesta, dije en voz baja.

    Sonrió. Yo le ofrecí mi número, y él me dijo:

    —¿Me permites antes reflexionar sobre todo lo compartido? No suelo dar mi número a desconocidos.
    Por supuesto —le respondí—, toma tu tiempo.
    —¿Y no te molesta que no te lo dé? Tú me lo has cedido.
    No. Simplemente, hoy no toca. Tal vez en otra ocasión.

    Me mostró entonces su iPad y me dijo:

    —Mira… estoy leyendo a Eckhart Tolle. Y hoy, a través de ti, he sentido en vivo lo que él describe: una intensa energía al estar ante quien se muestra auténtico, vulnerable, presente.

    Sonreí y le respondí:
    —Todo cuanto escuchaste de mí te resonó porque, tal vez, sea lo mismo que Tolle explica, y yo no soy más que tú… Aquello que ves en mí ya está en ti ahora, en este instante.

    Nos despedimos con un abrazo.

    Personalmente me siento agradecido por esta experiencia. No hace falta vivir en una gran ciudad ni asistir a eventos para experimentar la Unidad. En un pueblo pequeño, o en cualquier espacio, basta con prestar Atención, y lo mágico aparece.

    Dos días más tarde, por la mañana, recibí un mensaje suyo: un saludo y el ofrecimiento de su número. Desde entonces compartimos mensajes, y el vínculo, de forma natural, continúa.

    Siempre tengo en mente lo siguiente:

    “Cada vez que hablo y comparto experiencias con otra persona, soy consciente de que me lo estoy diciendo a mí mismo; y de este modo adquiero una mejor comprensión y conocimiento.
    Si además aquello que comparto le es útil al otro, que así sea.”

    Cada amanecer es un renacer.
    Cada amanecer viene acompañado de infinitas posibilidades y lecciones a ser atendidas.
    Ser presencia de ello es lo que en mí aporta paz e imperturbabilidad.

    Gracias.

  • Continuidad: Conciencia, consciencia y Atención

    Después de la reflexión anterior, estos tres haikus se abren como continuidad.Tres gestos, tres matices, tres formas de nombrar lo inefable.

    Consciencia

    siendo consciencia,

    la ola se levanta

    y vuelve al mar

    Conciencia

    Conciencia plena,

    todo se manifiesta,

    nada me falta

    Atención

    atenta llama,

    sostiene el instante

    sin dividirlo

  • HABLÁNDOME

    (Conciencia, consciencia, Atención)

    Es recurrente leer en redes sociales textos de diversos influyentes sobre espiritualidad, y tal como éstos escriban pueden llevar a confusión.

    Se ha de tener en cuenta el uso de aquello que uno quiere expresar, pues no todo tiene el mismo significado.

    Como siempre, me voy a basar en mi propia experiencia. De este modo, esto es para mí un ejercicio de memoria, hablándome.

    Recurrentemente, tanto si publico unos Advaitaikus (haikus a mi modo), como si publico reflexiones, podrá leer el lector que suelo poner en mayúsculas la primera letra de aquello en lo que estoy incidiendo cierta importancia a ser atendida.

    Así, verán el concepto “Atención, Observar, Atender”, y también el concepto “Conciencia”, y en minúsculas cuando uso el concepto “consciencia, consciente”.

    Escribo Conciencia “sin S y con la primera consonante en mayúscula” cuando hago referencia a Ello: Dios, Energía, Vida, Buda, Allah, o como cada cual quiera nombrarlo. A mi modo de ver, me refiero a esa energía dotada de una cierta inteligencia que está interconectada con todo y con todos, aquello que todo lo contiene y lo sostiene. La Conciencia lo abarca todo, incluso aquello que la mente rechaza de inmediato.

    Escribo consciencia con “S” y en minúscula (a no ser que sea al inicio de un párrafo) cuando me estoy refiriendo a la consciencia individual —el darme cuenta de mí mismo, de mis emociones, pensamientos y actos— o a la consciencia colectiva, que en algunos textos se nombra como el inconsciente colectivo (Jung) o también campo de consciencia compartido.

    Atención
    Cuando escribo Atención, Atento, Atender u Observar con mayúscula inicial, lo hago para que el lector se detenga. No hablo de la atención superficial de la mente que salta de un objeto a otro, sino de ese gesto profundo de “dar un paso atrás”, detenerse y auto-observarse desde el Ser.

    Es el movimiento por el cual Aquello que somos observa incluso al observador confundido: el pequeño yo, alias ego, esa identidad construida que se cree el centro.


    Ejemplos para comprenderlo

    • Conciencia: Cuando en silencio siento que todo está incluido, tanto mi respiración como el murmullo de la calle, percibo la Conciencia.
    • consciencia: Soy consciente de que surge en mí un pensamiento de miedo; lo reconozco y lo observo sin identificarme.
    • Atención: En medio de una discusión, llevo la Atención a mi respiración y noto que detrás del enfado hay una calma intacta.

    Cierre

    A mi modo de ver, este escrito puede ofrecer al lector un bello aprendizaje. Pero lo más importante es recordarlo: me estoy hablando a mí mismo para aprender y volver a recordarlo.


  • Instante

    Esta mañana la vida me mostró un giro inesperado: quien hasta ayer me acompañaba en el camino me dijo que no está bien en la relación y que desea continuar sola.

    No hubo ruido exterior. Solo una verdad que se abrió, serena y tajante. Y en ese mismo instante apareció en mí el mar interior —esas olas que llamo mi “tsunami”.

    Por la tarde, casi como un guiño, vi una entrevista a Tony Estruch, recuerdo del encuentro que tuvimos en 2023 y de su sugerencia de escribir. Ese recuerdo me llevó a dibujar mi genotipo: símbolos que no son adornos, sino coordenadas. Al trazarlos, comprendí que mi raíz no depende de un vínculo; mi motor nace de la intuición, del amor incondicional y de la necesidad de comunicar aquello que me habita.

    “Infinito, Círculo y Rombo… huellas de lo que me habita.”

    Las emociones son como un océano. En la superficie rugen y golpean, pero basta con descender unos metros para que el oleaje se transforme en un balanceo suave, como una nana en brazos de la Madre Tierra. Esa es la práctica de la Atención: no negar la tormenta, sino mirar desde la profundidad donde todo se mece en calma.

    Si la vida propone separación, no es necesariamente un final. Es un llamado a reencontrar la brújula propia. Hoy siento dolor y agradecimiento a la vez: dolor por la herida que se abre, agradecimiento porque la herida me revela lo que permanece.

    No busco consuelo ni respuestas fáciles. Solo afirmo algo que ya sé: lo que soy no se reduce a una historia que pueda romperse. Soy la Conciencia que observa el oleaje. Y en ese observar, volver al trazo del genotipo fue un acto sagrado de anclaje.

    Cada cual tiene su tiempo para decidir lo que corresponde en su vida. Quien caminaba a mi lado eligió seguir por otra senda. Lo acepto. Si mañana el camino bifurca de nuevo, también lo aceptaré.

    Dibujo, escribo, respiro. Eso basta por hoy.