me senti caer
rompiéndome por dentro
y reconstruí
Aquello que veo:
El dolor no fue enemigo, fue el cincel que reveló mi forma.
gerardunus
G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
me senti caer
rompiéndome por dentro
y reconstruí
Aquello que veo:
El dolor no fue enemigo, fue el cincel que reveló mi forma.
gerardunus
G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
A pesar del caos que uno, prestando Atención, pueda observar en lo cotidiano —sea en conversaciones con semejantes o en la mera contemplación de un hecho causal—, siempre hay pinceladas que invitan a mirar más allá del mundo ilusorio. A pesar de ello, tengo fe.
No soy especial, no hay en mí nada distinto de ti, lector. Tan solo elegí. Y ese simple gesto creó un cambio completo en mi vida. Para mí fue tan contundente que marcó un antes y un después: trabajé en el estar Atento, en cuestionar cuanto doy por hecho, cuanto creo real.
Ese gesto, aunque pequeño, despierta del letargo. Si yo lo hice, cualquiera puede hacerlo. No hay truco ni barita mágica: se trata de voluntad, fe y una decisión honesta de cambiarse a sí mismo. Todo inicia en uno.
Después, cada cual tiene su tiempo, su ritmo, su momento. La elección es de cada cual. No se trata de dar consejos desde el ego que cree saberlo todo, sino de compartir lo que uno ha vivido. Nadie puede aconsejar sin haber pasado por la misma experiencia y sin haberla trascendido; y si no fue pedida la ayuda, mejor callar.

Como dice un antiguo proverbio árabe:
“Si aquello que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas.”
Todo acto que realizamos es fruto de una elección. Elijamos, pues, con plena consciencia.
Que la luz del Universo guíe cada instante de duda e ilumine tu camino, para que halles decisiones alineadas con valores éticos y coherentes con todo aquello que piensas, dices y haces.
gerardunus
G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
Continuidad de la reflexión iniciada en “De lo roto a la fuerza”.
En el ritmo vertiginoso del cotidiano, parece que uno deba seguir un modo fijo de hacer, de actuar frente a los eventos. Y, sin embargo, lo esencial es realizar un Alto en uno mismo y Observar con Atención. Cuando escribo Atención con mayúscula, es porque quiero resaltar la importancia de detenerse: bajar el ritmo no solo físico, sino sobre todo mental. Ese ruido interior que no cesa y nos arrastra como autómatas inconscientes necesita ser mirado.
Hacer un Alto y Atenderse es darse la posibilidad de ver desde otro prisma. Como quien contempla un pueblo desde lo alto de una montaña: casas, árboles, calles, personas que caminan, animales, el cielo azul con nubes que se mueven lentas… Todo visto sin juicio, como una película que sucede. Ese es el gesto de Prestar Atención.
He aprendido —y sigo aprendiendo— a practicarlo en lo cotidiano. Me gusta salir de casa, caminar hasta el bar La Sociedad, pedir un café largo y sumergirme en la lectura. Antes el ruido me distraía; hoy, poco a poco, voy descubriendo cómo puedo leer y, al mismo tiempo, dejar que las voces, el bullicio, el simple suceder alrededor fluyan. No siempre lo logro, pero cada vez me es más natural: sin molestia, sin juicio. Solo ver. En esos momentos, a veces me reconozco en el espejo de los demás: viejas actitudes que fueron mías, inconscientes. Y en lugar de juicio, me nace compasión: todos estamos resolviendo asuntos internos, cada cual, en su proceso, cada cual a su tiempo.
También miro atrás, al Gérard del deporte. Treinta años de culturismo y después cuatro de ciclismo de carretera. Allí descubrí la pasión por compartir con un equipo, el valor de aprender dentro de un pelotón de doscientos ciclistas, la alegría de ser reconocido por veteranos a los que admiraba. Más que trofeos, me importaba la amistad, el respeto, la risa compartida antes de competir. Hoy no lo recuerdo con dolor, sino con gratitud. Fue una etapa de entusiasmo y disciplina, de observar y aprender, de crecer junto a otros.
Y llegó el accidente. Muchos lo llaman “sufrimiento”. Para mí fue otra experiencia. No lo vivo con rabia ni resentimiento: lo cuento como una anécdota vital, porque allí recibí la lección más grande. Ese accidente fue un Renacer. Gracias a él hoy sé mejor quién soy, y tengo claros mis valores, alineados con lo que pienso, hablo y hago.
La vida es, sin más, y al mismo tiempo, la gran maestra. Nos propone situaciones para aprender a resolverlas de otro modo. Cada cual tiene su propio proceso, y lo transita como puede y sabe.
gerardunus
G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
El 22 de febrero de 2016 amanecía como un día cualquiera, con el ritual de entrenar en bicicleta por la C-260. Nada hacía presagiar que esa ruta marcaría un antes y un después en mi existencia.
Un camión, un instante fugaz, y de pronto todo se quebró. No solo la bicicleta, no solo mi cuerpo: también el curso de mi vida.
Me trasladaron de urgencia. En ese trayecto y durante las primeras horas, los médicos no sabían cómo proceder. Las imágenes revelaban un mapa devastado de fracturas y daños: la columna partida en dos, el atlas hecho añicos, los ligamentos destrozados. Era un caso que excedía los protocolos, sin precedentes claros en los manuales.
Fueron nueve días suspendidos, un tiempo de espera en el que la vida parecía depender de un hilo. “Desconectado del universo”, así lo describo hoy: presente y ausente, sostenido apenas por la incertidumbre médica y la esperanza de lo improbable. Durante ese periodo, especialistas de distintos lugares fueron consultados. La pregunta era siempre la misma: ¿hay salida? ¿hay manera de salvar este cuerpo sin dejarlo atrapado para siempre en la inmovilidad?
La respuesta llegó finalmente con una decisión quirúrgica de alto riesgo: fijar con titanio desde C5 hasta D2, una operación que buscaba no solo estabilizar la columna, sino darme una oportunidad de seguir en este mundo.


El impacto dejó en mi cuerpo un mapa de fracturas que hablaba por sí mismo:
Era un cuadro de guerra interna, un cuerpo colapsado que aún respiraba. Los diagnósticos llegaban con palabras frías, pero detrás de ellas estaba la pregunta esencial: ¿podría volver a caminar?, ¿podría volver a vivir sin quedar atrapado en un cuerpo inmóvil?
⚠️ Advertencia: la siguiente imagen puede resultar sensible.


Un año después del accidente, escribí estas palabras, reflejo de aquel tiempo en que la rabia era mi combustible:
“ES MI VIDA.
YO LA ESCOGÍ, NADIE ME OBLIGA A NADA.
SI PARA LOGRAR MI OBJETIVO HE DE SUFRIR, SUFRO…
USARÉ ESA RABIA EN MIS PROPÓSITOS, ELEVÁNDOLA A SU MÁXIMO PODER,
CONVIRTIÉNDOLA EN ENERGÍA PURA HASTA QUEDAR EXHAUSTO.
SOLO ENTONCES PARARÉ.”
La rabia me sostuvo, pero también me quemaba. Era lucha física, mental y emocional. Pelear contra el sufrimiento fue mi modo de sobrevivir.
Cita:
“La rabia fue fuego, y el fuego también ilumina el camino.”
Tras la rabia, aprendí la importancia de la perseverancia.
La fe no fue religiosa, sino confianza en que cada paso contaba.
La velocidad no era lo esencial, sino no detenerse.
La rehabilitación era un territorio desconocido: avances pequeños, retrocesos dolorosos, pero siempre un paso más.

Cita:
“Cada paso cuenta.”
Hoy no soy el mismo que cayó aquel día.
Las lesiones permanecen, las secuelas son parte de mí, pero ya no me definen.
Aprendí que no soy lo roto.
Soy la fuerza que surge de abrazar lo roto.

“Hoy sé que no soy lo roto: soy la fuerza que surge de abrazarlo.”
Este testimonio no busca compasión, sino mostrar que incluso en lo más oscuro puede nacer fuerza.
Hermano, hermana, si atraviesas dolor, recuerda:
no es la perfección lo que importa, sino no rendirse.
“El accidente no me quitó la vida: me la transformó. Gérard, el de antes, quedó en el asfalto; yo soy el que renació de ese final.
He comprendido también que no soy este cuerpo. Este cuerpo reconstruido es un recipiente, una herramienta que utilizo, y que sirve para expresar y habitar aquello que verdaderamente soy. La personalidad de antes se deshizo; lo que queda es lo esencial, lo que observa, lo que vive más allá de las formas.”
gerardunus
G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
Se talan bosques bajo la excusa de prevenir incendios, se cierran caminos en la naturaleza para supuestamente protegernos, y las voces oficiales hablan de sostenibilidad mientras promueven políticas que cortan el vínculo más sagrado: la unión del ser humano con la Madre Tierra.
La sabiduría de la naturaleza
No es la Tierra quien pide ser talada. Ella sabe regenerarse: los bisontes, los caballos salvajes, las manadas libres han sido desde siempre sus jardineros. El pastoreo, las quemas controladas y la vida rural son aliados naturales. Lo que se propone muchas veces no nace de la vida, sino del interés económico.
Los hilos ocultos del poder
Son muchos en el mundo quienes conocen una lista de familias y linajes que, se dice, han entretejido gran parte de lo que sucede: Rockefeller, Rothschild, Morgan, DuPont, Astor, Warburg, Vanderbilt… Nombres que aparecen una y otra vez en relatos y especulaciones sobre el poder.
Se habla de su influencia en la banca, la energía, la farmacéutica, la agroindustria y los medios. Y junto a ellos, las grandes corporaciones contemporáneas —tecnológicas, farmacéuticas, alimentarias— sostienen un sistema que parece basarse en el miedo, la dependencia y la desconexión.
Más allá de la culpa
Sería fácil culpar. Sería fácil odiar. Pero no es desde ahí desde donde miro.
Porque comprendo que quienes hacen esto también están atrapados en su propio miedo, en su propio ego, en la ilusión de control.
Todo ello soy
Y, sobre todo, porque comprendo que yo también soy parte de todo lo que existe.
Donde hay incendios, también soy ese incendio.
Donde hay maltrato, también soy ese maltrato.
Donde hay engaño y saqueo, donde hay dejadez, suciedad, abandono, etc., también formo parte de ello, pues participé con mis pensamientos, con mis sombras, con mis olvidos… Todo ello soy.
Todo nace ahora
Y han sido siglos, centurias enteras, donde la humanidad ha ido sumando pensamientos, emociones y modos de obrar basados en miedo, separación y dominio. Ese peso colectivo está en mí también, porque no estoy separado de la historia del mundo.
Pero el saber más profundo es verlo desde un nuevo prisma: aunque mire hacia atrás, aunque vea siglos de sombra acumulada, absolutamente todo nace ahora, en este instante.
El instante presente es el único lugar en el que la vida se está dando, en el que todo se crea, donde todo se transforma, donde todo renace.
El cambio comienza dentro
Por eso no se trata de culpar afuera, sino de asumir la responsabilidad adentro.
La transformación empieza en mí, en ti, en nosotros: en observar y tomar la responsabilidad de cada emoción que surja, en sentir la ira y la tristeza sin negarlas, en educar al ego en lugar de dejarlo gobernar.
La belleza del despertar
Cuando despierto, ya no me pierdo en lo literal ni en las máscaras del poder.
Descubro la belleza en cada instante: en un árbol, en un gesto, en un silencio.
Y sé que cuanto más despierto, más limpio también el mundo.
Un cierre luminoso
La vida se expresa en mí ahora.
En este instante.
Y desde este instante la vida está expresándose a sí misma a través de mí.
Y no estoy solo en este camino. Cada vez son más quienes despiertan, quienes asumen su responsabilidad interior y trabajan en sí mismos.
Cuantos más seamos, mayor será la visión de un mundo perfecto: la comprensión de que todo cuanto sucede en este instante es perfecto, de que todo sucede por un bien mayor, de que la vida no se equivoca, de que la vida sabe y se sabe, creando equilibrio allí donde se requiere.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…

Sigo siendo Ciudadano Universal.
El nombre permanece, pero yo no soy ya aquel.
En 2023 escribía desde la herida abierta: el accidente, la rutina del dolor, el intento de comprender por qué. Hoy miro esos textos y me reconozco, pero también me sonrío: era un paso necesario, una voz que nacía desde la vulnerabilidad.
Hoy comparto desde otro lugar.
No desde el mártir, sino desde el testigo.
No desde la herida, sino desde lo que ha brotado en ella: conciencia.
El nickname no cambió, porque en lo esencial nunca cambia lo que somos. Lo que sí cambia es la mirada, el modo de expresarnos, la forma de vivir el mismo misterio.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
salvadora es
bajo el arduo calor
la lluvia siendo
Aquello que veo:
“Incluso en el mayor calor, siempre hay un respiro escondido.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
veo el espejo
el paradigma cambió
interconexión
Aquello que veo:
“En cada fragmento palpita lo entero.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo.