Ayer escribí una carta, movido por un impulso profundo de la intuición. No quería que se desvaneciera en la memoria, así que la dejé plasmada en palabras.
Hoy, al conversar con un amigo por teléfono, sucedió lo inesperado: me compartió un viaje próximo, en sintonía exacta con lo que yo había escrito un día antes. Y en ese instante comprendí. Lo que había nacido en mi interior encontraba su reflejo afuera.
Nada es casual. La vida entreteje mensajes de formas que no siempre entendemos a primera vista. Cada quien puede verlos como simples coincidencias, o como llamados a escuchar con más atención.
Todos y todo está interconectado. Cuando prestamos oído a esas señales, se abre la posibilidad de actuar distinto, de no repetir viejos patrones, de abrazar lo nuevo.
Qué belleza observar la sincronicidad y saberse uno con Todo.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
