Perdono. Me perdono.
Yo perdono.
Me perdono, sin olvidar.
Perdonar es dejar ir la pena, la ira que me mantenía cautivo. No se trata de ignorar el daño que ha sido hecho,
sino de otorgarme a mí mismo la paz que merezco.
No olvido lo sucedido.
No para reprochárselo a nadie,
sino como aprendizaje propio.
Perdonar no significa aprobar lo ocurrido
ni estar dispuesto a que suceda de nuevo.
Significa elegir avanzar sin cargar resentimiento.
Mantener el recuerdo vivo
es una forma de permanecer alerta, atento.
Olvidar sería desechar las lecciones que obtuve de esa experiencia,
borrar lo doloroso y, a la vez, lo valioso
que ha dado forma a lo que soy hoy.
Los recuerdos, para mí, son como cicatrices que ya no duelen.
Sin embargo, me cuentan historias:
aquello a lo que he sobrevivido
y hasta dónde he llegado.
Perdonar y perdonarme son esenciales.
Perdonar me libera.
Recordar integra.
Perdono para ser libre.
Recuerdo para no repetir.
Unus
G.A.L.U.
Perdonar no borra.
Libera.