• Semillas

    Semillas

    No nacieron para ser explicadas.

    Nacieron en silencio, en mi experiencia, en momentos concretos, cuando algo se asentó sin hacer ruido.

    Las llamo semillas porque no buscan convencer ni servir de mapa para nadie.

    Son apuntes de lo vivido, formas en las que la claridad se dejó ver en mí.

    No apuntan hacia fuera, ni pretenden valer para todos.

    Aquí las reúno tal como fueron apareciendo,

    sin orden forzado,

    sin jerarquía,

    sin pulirlas de más.

    Cada una guarda el gesto exacto del instante en que algo se reconoció.

    — Cuando respeto mi ritmo, la vida me adelanta sin esfuerzo.

    — El cuerpo está volviendo a su centro porque yo lo estoy.

    — Karma es actuar desde el ruido en mí. Dharma es actuar desde la claridad que nace sola.

    — Karma tensa el cuello en mí. Dharma deja pasar la paz.

    — Nada toca a nada; es la mente quien inventa el contacto. Cuando la ilusión se cae, solo queda la Conciencia mirándose a sí misma.

    — Aquello que somos no tiene nombre, pero cuando lo nombro, el pecho se abre.

    — Hubo condiciones que permitieron que la vida siguiera reorganizándose. No sobreviví para explicar nada; sobreviví para habitarlo con más precisión.

    — Sé hábil, pero limpio. Sé fuerte, pero no tenso.

    — Antes de actuar, asienta el por qué.

    — Liderar desde presencia, no desde acción.

    — No cargues con nadie. Enseña, muestra y mantén el trono estable.

    — Sé claro contigo mismo, sostén tu territorio, y dirige desde lo que eres, no desde lo que haces.

    — Ayudar no es hacer por el otro lo que el otro puede y debe hacer.

    — No necesito cambiar nada para ser. Solo necesito no olvidarme.

    — Acompaño desde lo que soy.

    — Ser. Estar. Atender.

  • Bleu y las luces del teclado

    🌠 Bleu y las luces del teclado

    Jugaba.
    Cada tecla encendía un color y una sonrisa.
    El niño no buscaba nada, solo miraba la vida encenderse bajo sus dedos.

    Alguien podría pensar que era “demasiada pantalla”,
    pero a veces la conciencia también se manifiesta a través de un led,
    de una luz que parpadea y enseña el milagro del instante.

    Prohibir no siempre educa;
    acompañar, sí.
    El alma del niño no necesita límites rígidos,
    sino presencia que sostenga su curiosidad.

    💠

    “La inocencia no conoce peligro:
    solo necesita ser mirada con amor.”

    “Educar no es apagar la luz,
    sino acompañar su brillo.”

  • Cuánto experimento

    El pasado fin de semana conocí a un joven «del cual guardaré el anonimato, pues no hay para qué dar la información». Fue un descubrir no premeditado. Lo observé entrar mientras finalizaba mi almuerzo y saboreaba el resto de la copa de vino tinto. El joven se acercó a la barra, luego a la terraza «supongo, tal vez observando el entorno». Al regresar al interior pude sentir su mirada, aunque yo miraba hacia otra dirección. Casi sin proponérmelo, opté por mirarlo a los ojos; en ese instante se adelantó a la mesa y me preguntó:

    —¿Eres usted de aquí?
    Así es, joven, desde hace diez meses, noviembre de 2024, le respondí.
    —Es que yo he llegado a este pueblo hace tres semanas.
    ¿Quieres sentarte y acompañarme? Tienes mi permiso e invitación, indicándole la silla con mano alzada.

    El joven inmediatamente tomó la silla y se acomodó. Aquello lo sentí como algo que debía ser experimentado, algo que surgía desde el permitirse vivir, vivenciar. El inicio fue una serie de preguntas por su parte según aquello que interpretaba al mirar el cuerpo, a las que gratamente le respondí usando un diálogo explícito, específico, en primera persona, en presente «—como quien relata una experiencia reviviéndola—. Para que comprendiera lo que le explicaba, le mostré fotos que guardo en el teléfono: de mis tiempos en el culturismo, de mi etapa de ciclista, y también imágenes de la fractura conminuta de C1 (el Atlas, hecho trizas), y de C6 y C7. Porque no cualquiera puede hacerse una idea de lo que significa haber pasado por eso.

    En cierto instante de compartir ideas y experiencias, el joven me pidió un momento de pausa:

    —¿Te puedo pedir que paremos un momento? Es que hay mucha información que necesito asimilar. Desprendes una energía muy intensa… pero es una energía muy agradable, que impulsa, que motiva.

    Acepté y le respondí:
    —Tómate tu tiempo.

    Se retiró unos minutos. Aproveché su ausencia para pagar la cuenta. Cuando regresó, retomamos la conversación con más calma. Minutos después, añadió:.

    —Vamos a dejarlo aquí. Quiero procesar toda esta información. Libera usted una energía intensa, una vibración que solo puedo describir como amor.

    Al salir del bar, en medio de la despedida, me preguntó:

    —He estudiado para ser coach, como tú lo fuiste. ¿Crees que puedo hacerlo?

    Observé cómo surgía en mí la respuesta inmediata del ego que quiere decir “sí”, pretendiendo saber. Hice silencio, lo miré a los ojos, coloqué mi mano derecha sobre su corazón y le dije:
    —Escucha esto: si aquello que deseas realizar, al observarlo, te aporta paz, hazlo. Y si no, no lo hagas.

    Entonces le pregunté:

    ¿Acompañar a personas para que obtengan una vida saludable te aporta paz?
    —Sí, mucho.
    Ya tienes la respuesta, dije en voz baja.

    Sonrió. Yo le ofrecí mi número, y él me dijo:

    —¿Me permites antes reflexionar sobre todo lo compartido? No suelo dar mi número a desconocidos.
    Por supuesto —le respondí—, toma tu tiempo.
    —¿Y no te molesta que no te lo dé? Tú me lo has cedido.
    No. Simplemente, hoy no toca. Tal vez en otra ocasión.

    Me mostró entonces su iPad y me dijo:

    —Mira… estoy leyendo a Eckhart Tolle. Y hoy, a través de ti, he sentido en vivo lo que él describe: una intensa energía al estar ante quien se muestra auténtico, vulnerable, presente.

    Sonreí y le respondí:
    —Todo cuanto escuchaste de mí te resonó porque, tal vez, sea lo mismo que Tolle explica, y yo no soy más que tú… Aquello que ves en mí ya está en ti ahora, en este instante.

    Nos despedimos con un abrazo.

    Personalmente me siento agradecido por esta experiencia. No hace falta vivir en una gran ciudad ni asistir a eventos para experimentar la Unidad. En un pueblo pequeño, o en cualquier espacio, basta con prestar Atención, y lo mágico aparece.

    Dos días más tarde, por la mañana, recibí un mensaje suyo: un saludo y el ofrecimiento de su número. Desde entonces compartimos mensajes, y el vínculo, de forma natural, continúa.

    Siempre tengo en mente lo siguiente:

    “Cada vez que hablo y comparto experiencias con otra persona, soy consciente de que me lo estoy diciendo a mí mismo; y de este modo adquiero una mejor comprensión y conocimiento.
    Si además aquello que comparto le es útil al otro, que así sea.”

    Cada amanecer es un renacer.
    Cada amanecer viene acompañado de infinitas posibilidades y lecciones a ser atendidas.
    Ser presencia de ello es lo que en mí aporta paz e imperturbabilidad.

    Gracias.

  • Continuidad: Conciencia, consciencia y Atención

    Después de la reflexión anterior, estos tres haikus se abren como continuidad.Tres gestos, tres matices, tres formas de nombrar lo inefable.

    Consciencia

    siendo consciencia,

    la ola se levanta

    y vuelve al mar

    Conciencia

    Conciencia plena,

    todo se manifiesta,

    nada me falta

    Atención

    atenta llama,

    sostiene el instante

    sin dividirlo

  • HABLÁNDOME

    (Conciencia, consciencia, Atención)

    Es recurrente leer en redes sociales textos de diversos influyentes sobre espiritualidad, y tal como éstos escriban pueden llevar a confusión.

    Se ha de tener en cuenta el uso de aquello que uno quiere expresar, pues no todo tiene el mismo significado.

    Como siempre, me voy a basar en mi propia experiencia. De este modo, esto es para mí un ejercicio de memoria, hablándome.

    Recurrentemente, tanto si publico unos Advaitaikus (haikus a mi modo), como si publico reflexiones, podrá leer el lector que suelo poner en mayúsculas la primera letra de aquello en lo que estoy incidiendo cierta importancia a ser atendida.

    Así, verán el concepto “Atención, Observar, Atender”, y también el concepto “Conciencia”, y en minúsculas cuando uso el concepto “consciencia, consciente”.

    Escribo Conciencia “sin S y con la primera consonante en mayúscula” cuando hago referencia a Ello: Dios, Energía, Vida, Buda, Allah, o como cada cual quiera nombrarlo. A mi modo de ver, me refiero a esa energía dotada de una cierta inteligencia que está interconectada con todo y con todos, aquello que todo lo contiene y lo sostiene. La Conciencia lo abarca todo, incluso aquello que la mente rechaza de inmediato.

    Escribo consciencia con “S” y en minúscula (a no ser que sea al inicio de un párrafo) cuando me estoy refiriendo a la consciencia individual —el darme cuenta de mí mismo, de mis emociones, pensamientos y actos— o a la consciencia colectiva, que en algunos textos se nombra como el inconsciente colectivo (Jung) o también campo de consciencia compartido.

    Atención
    Cuando escribo Atención, Atento, Atender u Observar con mayúscula inicial, lo hago para que el lector se detenga. No hablo de la atención superficial de la mente que salta de un objeto a otro, sino de ese gesto profundo de “dar un paso atrás”, detenerse y auto-observarse desde el Ser.

    Es el movimiento por el cual Aquello que somos observa incluso al observador confundido: el pequeño yo, alias ego, esa identidad construida que se cree el centro.


    Ejemplos para comprenderlo

    • Conciencia: Cuando en silencio siento que todo está incluido, tanto mi respiración como el murmullo de la calle, percibo la Conciencia.
    • consciencia: Soy consciente de que surge en mí un pensamiento de miedo; lo reconozco y lo observo sin identificarme.
    • Atención: En medio de una discusión, llevo la Atención a mi respiración y noto que detrás del enfado hay una calma intacta.

    Cierre

    A mi modo de ver, este escrito puede ofrecer al lector un bello aprendizaje. Pero lo más importante es recordarlo: me estoy hablando a mí mismo para aprender y volver a recordarlo.


  • Instante

    Esta mañana la vida me mostró un giro inesperado: quien hasta ayer me acompañaba en el camino me dijo que no está bien en la relación y que desea continuar sola.

    No hubo ruido exterior. Solo una verdad que se abrió, serena y tajante. Y en ese mismo instante apareció en mí el mar interior —esas olas que llamo mi “tsunami”.

    Por la tarde, casi como un guiño, vi una entrevista a Tony Estruch, recuerdo del encuentro que tuvimos en 2023 y de su sugerencia de escribir. Ese recuerdo me llevó a dibujar mi genotipo: símbolos que no son adornos, sino coordenadas. Al trazarlos, comprendí que mi raíz no depende de un vínculo; mi motor nace de la intuición, del amor incondicional y de la necesidad de comunicar aquello que me habita.

    “Infinito, Círculo y Rombo… huellas de lo que me habita.”

    Las emociones son como un océano. En la superficie rugen y golpean, pero basta con descender unos metros para que el oleaje se transforme en un balanceo suave, como una nana en brazos de la Madre Tierra. Esa es la práctica de la Atención: no negar la tormenta, sino mirar desde la profundidad donde todo se mece en calma.

    Si la vida propone separación, no es necesariamente un final. Es un llamado a reencontrar la brújula propia. Hoy siento dolor y agradecimiento a la vez: dolor por la herida que se abre, agradecimiento porque la herida me revela lo que permanece.

    No busco consuelo ni respuestas fáciles. Solo afirmo algo que ya sé: lo que soy no se reduce a una historia que pueda romperse. Soy la Conciencia que observa el oleaje. Y en ese observar, volver al trazo del genotipo fue un acto sagrado de anclaje.

    Cada cual tiene su tiempo para decidir lo que corresponde en su vida. Quien caminaba a mi lado eligió seguir por otra senda. Lo acepto. Si mañana el camino bifurca de nuevo, también lo aceptaré.

    Dibujo, escribo, respiro. Eso basta por hoy.

  • Libre Albedrío

    A pesar del caos que uno, prestando Atención, pueda observar en lo cotidiano —sea en conversaciones con semejantes o en la mera contemplación de un hecho causal—, siempre hay pinceladas que invitan a mirar más allá del mundo ilusorio. A pesar de ello, tengo fe.

    No soy especial, no hay en mí nada distinto de ti, lector. Tan solo elegí. Y ese simple gesto creó un cambio completo en mi vida. Para mí fue tan contundente que marcó un antes y un después: trabajé en el estar Atento, en cuestionar cuanto doy por hecho, cuanto creo real.

    Ese gesto, aunque pequeño, despierta del letargo. Si yo lo hice, cualquiera puede hacerlo. No hay truco ni barita mágica: se trata de voluntad, fe y una decisión honesta de cambiarse a sí mismo. Todo inicia en uno.

    Después, cada cual tiene su tiempo, su ritmo, su momento. La elección es de cada cual. No se trata de dar consejos desde el ego que cree saberlo todo, sino de compartir lo que uno ha vivido. Nadie puede aconsejar sin haber pasado por la misma experiencia y sin haberla trascendido; y si no fue pedida la ayuda, mejor callar.

    Todo acto que realizamos es fruto de una elección. Elijamos, pues, con plena consciencia.

    Que la luz del Universo guíe cada instante de duda e ilumine tu camino, para que halles decisiones alineadas con valores éticos y coherentes con todo aquello que piensas, dices y haces.

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • “No desear.”

    Esto que me nace lo expreso así: el deseo es una adicción, una retroalimentación constante para olvidar, para no aceptar, para acallar la mente y no enfrentar los propios problemas. Puede tomar muchas formas: desear sexo, comida, ejercicio en exceso, conducir con temeridad, buscar peleas o incluso maltratar a los demás, tanto física como psicológicamente. El deseo, en todas sus máscaras, termina enfermando al cuerpo y al espíritu.

    El ser humano suele quedar atrapado en esa rueda: cuando obtiene lo deseado aparece el miedo a perderlo; cuando lo pierde, surge el sufrimiento. Y muchas veces intenta tapar ese dolor buscando otro deseo que lo sustituya.

    He ido descubriendo que el sufrimiento no es una sentencia inevitable, sino una elección. Aprender a no desear no significa negar la vida ni renunciar al placer; significa no depender de las cosas para hallar paz. Es soltar la urgencia de conseguir para sentirme completo.

    Hoy practico mirar lo que surge en mí con compasión y gratitud: observar el deseo, reconocerlo y dejarlo ir. En ese espacio aparece el descanso verdadero —no por privación, sino por libertad.

  • OBSERVAR

    En el ritmo vertiginoso del cotidiano, parece que uno deba seguir un modo fijo de hacer, de actuar frente a los eventos. Y, sin embargo, lo esencial es realizar un Alto en uno mismo y Observar con Atención. Cuando escribo Atención con mayúscula, es porque quiero resaltar la importancia de detenerse: bajar el ritmo no solo físico, sino sobre todo mental. Ese ruido interior que no cesa y nos arrastra como autómatas inconscientes necesita ser mirado.

    Hacer un Alto y Atenderse es darse la posibilidad de ver desde otro prisma. Como quien contempla un pueblo desde lo alto de una montaña: casas, árboles, calles, personas que caminan, animales, el cielo azul con nubes que se mueven lentas… Todo visto sin juicio, como una película que sucede. Ese es el gesto de Prestar Atención.

    He aprendido —y sigo aprendiendo— a practicarlo en lo cotidiano. Me gusta salir de casa, caminar hasta el bar La Sociedad, pedir un café largo y sumergirme en la lectura. Antes el ruido me distraía; hoy, poco a poco, voy descubriendo cómo puedo leer y, al mismo tiempo, dejar que las voces, el bullicio, el simple suceder alrededor fluyan. No siempre lo logro, pero cada vez me es más natural: sin molestia, sin juicio. Solo ver. En esos momentos, a veces me reconozco en el espejo de los demás: viejas actitudes que fueron mías, inconscientes. Y en lugar de juicio, me nace compasión: todos estamos resolviendo asuntos internos, cada cual, en su proceso, cada cual a su tiempo.

    También miro atrás, al Gérard del deporte. Treinta años de culturismo y después cuatro de ciclismo de carretera. Allí descubrí la pasión por compartir con un equipo, el valor de aprender dentro de un pelotón de doscientos ciclistas, la alegría de ser reconocido por veteranos a los que admiraba. Más que trofeos, me importaba la amistad, el respeto, la risa compartida antes de competir. Hoy no lo recuerdo con dolor, sino con gratitud. Fue una etapa de entusiasmo y disciplina, de observar y aprender, de crecer junto a otros.

    Y llegó el accidente. Muchos lo llaman “sufrimiento”. Para mí fue otra experiencia. No lo vivo con rabia ni resentimiento: lo cuento como una anécdota vital, porque allí recibí la lección más grande. Ese accidente fue un Renacer. Gracias a él hoy sé mejor quién soy, y tengo claros mis valores, alineados con lo que pienso, hablo y hago.

    La vida es, sin más, y al mismo tiempo, la gran maestra. Nos propone situaciones para aprender a resolverlas de otro modo. Cada cual tiene su propio proceso, y lo transita como puede y sabe.

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • Lo real

    Siento que este mundo que percibo no es lo real.
    No parece estar en mis pensamientos, ni en mis recuerdos, ni en las creencias que heredé.

    Lo que intuyo como real es la Conciencia misma, experimentándose a través de esta forma humana.
    El personaje que soy aquí vive pruebas, etapas, aprendizajes.
    Pero no es el fin último: solo es el escenario.

    Para mí, lo real no está en lo que interpreto, sino en Aquello que observa.
    No en el sueño, sino en quien comienza a despertar dentro del sueño.

    gerardunus
    G.A.L.U.

    Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…

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