• De cada instante, una vida

    De cada instante, una vida

    Cuatro instantes,
    cuatro formas de estar,
    evolución en un constante movimiento;

    soledad,
    creación,
    introspección y quietud,
    atención plena,

    vislumbrar aquello creado y soltarlo.

    Cada estado siendo uno y todos a su vez. Sin interferir, tan solo:

    observar,
    atender,
    sentir,
    aceptar y dejar ir…

    A veces siendo dolor,
    otras siendo tristeza y sufrimiento,
    y a la vez,
    siendo la esperanza y la felicidad por el cambio que surge en el acto realizado.

    No, no es sencillo. No se me enseñó a gestionar todo ello. Aprendo de cada experiencia, de cada vivencia, de cada error y lo aplico en mí como aprendizaje.

    Si algo me llena de riqueza y satisfacción es la gratitud:

    agradezco cada amanecer, estoy vivo,
    agradezco respirar,
    agradezco sentir,
    agradezco sonreír al mirarme al espejo,
    agradezco cuantas capacidades uso,
    agradezco ser, estar, atenderme, observarme, reconocerme en los demás, en cuanto surge.

    Nada necesito; todo está ahora, en este instante, en mí mismo; nada que buscar fuera.

    De cada instante, una vida.
    Desde mi nacimiento, siendo vidas diferentes hasta el último aliento.

  • 💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    Reflexión inicial:

    Cuando uno se acepta tal y como es —con sus defectos y habilidades— nace el amarse.

    Descubre que acepta cuanto la vida propone, porque sabe que son lecciones a ser atendidas para seguir evolucionando en sí mismo.

    Seguidamente, resurge el amor que uno es y siempre fue,
    simplemente olvidado, tapado por un velo que el ego trataba de mantener fijado y mantenernos ciegos.

    Conforme uno se redescubre, se reinventa, y se abre a transmitir lo que siente sin temor al rechazo, comprende que jamás puede ser atacado;
    porque en su mirada, todo se vuelve amor:
    amor en lo que observa y en lo que atiende.

    No hay palabras para describir aquello que yace en uno,
    esa energía amorosa sin igual.


    Carta de Albert Einstein a su hija

    Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía.
    Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

    Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor,
    un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta.

    Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

    Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl,
    comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede,
    porque el amor es la quintaesencia de la vida.

    Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida.

    Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.

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