• La vida mientras tanto

    La vida mientras tanto

    Si vives siempre corriendo hacia después,
    te pierdes el ahora.

    La prisa puntual no es el problema.

    El problema es vivir acelerado como estado habitual.

    Cuando todo es “luego”,
    el presente se vuelve un trámite.

    La vida no empieza cuando acabas tareas.

    También está ocurriendo mientras las haces.

    No imagines cuándo empezarás a vivir.

    Ya está ocurriendo.

  • Lo que sostuve, lo que habito

    Lo que sostuve, lo que habito

    Hay imágenes que no dicen lo mismo cada vez que las miramos.
    Durante años vi fuerza, esfuerzo, disciplina, cuerpo, reto.
    Hoy, al mirar algunas de esas imágenes, también puedo ver otra cosa:
    todo aquello que sostenía sin saber todavía que lo estaba sosteniendo.

    No miro ese pasado desde la culpa.

    Lo miro con más comprensión.

    Hubo una etapa en la que entrené, empujé, cargué, resistí. A veces desde la exigencia. A veces desde patrones que no sabía reconocer. A veces sosteniendo cosas que ni siquiera eran mías.

    Pero también sería injusto mirar ese cuerpo solo como lugar de carga.

    Ese cuerpo me permitió vivir mucho.

    Me permitió construir, entrenar, competir, compartir equipo, cambiar de piel, pasar del culturismo al ciclismo cuando muchos pensaban que era una locura.

    Me permitió descubrir otra forma de fuerza.

    Una fuerza menos solitaria.

    Una fuerza compartida.

    Una fuerza que también conoció la alegría.

    Hay una imagen de aquel tiempo que todavía me habla: una fotografía tomada sin que yo me diera cuenta, después de una carrera dura, una de esas jornadas donde muchos abandonaron y yo terminé.

    No era una pose.

    Era felicidad real.

    Satisfacción.

    La alegría limpia de haber atravesado algo.

    Luego la vida se fragmentó.

    El cuerpo cambió.

    La forma de estar en el mundo cambió.

    Y con el tiempo, también cambió la mirada.

    Hoy puedo ver al Gérard de entonces sin castigo.

    Puedo ver lo que cargaba.

    Puedo ver lo que logró.

    Puedo ver lo que no sabía.

    Puedo ver lo que ese cuerpo sostuvo por mí.

    Y desde aquí, ya no necesito rechazarlo.

    Solo aprender a habitarlo de otra manera.

    No todo lo que sostuvimos fue error.

    A veces también fue el modo en que la vida nos trajo hasta aquí.

    Hoy no necesito cargarlo igual.

    Hoy puedo habitarlo con más conciencia.

    «Vídeo creado a partir de fotografías personales. Algunas transiciones y elementos simbólicos han sido generados con ayuda de IA.»

  • El arte de la Atención plena

    ¿Qué hábito es el que más ha mejorado tu vida?

    El hábito que más ha mejorado mi vida es el arte de la atención plena.

    Estar atento a mis pensamientos, a mis palabras y a mis actos.

    No para controlarlo todo, sino para vivir con más coherencia.

    Pensar, decir y hacer en la misma dirección.

    Para mí, eso también es una forma de honrar la vida.

  • 07 abril 2026 – Observo las avispas –

    07 abril 2026
    – observo las avispas –

    Un año más, llega la primavera
    y con ella retoman su rutina.
    Regresan al mismo lugar.

    No sé si regresan o si nunca se fueron.
    Tal vez solo permanecían, en otro ritmo.

    Caminando, a cierta distancia, el zumbido me resultó familiar.
    Y lo supe: ahí están, nuevamente.

    Mirarlas es hipnótico.
    Me acerco.
    No hay miedo.
    Hay confianza.
    Algo se ordena dentro sin necesidad de entenderlo.

    La naturaleza es bella.
    En ella no encuentro respuestas, encuentro silencio.

    Antes las veía,
    pero no las observaba.
    No estaba ahí.

    Hay tanto que aprender mientras uno desaprende.

  • INTEGRACIÓN

    Integración


    Durante años, mi cuerpo necesitó esquinas, silencios y espaldas protegidas.
    No era miedo: era saturación.


    Aprendí a sentarme donde nadie pudiera sorprenderme,
    a mirar despacio,
    a elegir el ritmo que no me rompía.


    Hoy aún escucho esas señales,
    pero ya no me encierran.


    No me hice más fuerte.
    Me hice más atento.



    No era fragilidad.
    Era un sistema pidiendo tiempo.

  • Sentir el limite

    Sentir el límite

    Ocasionalmente, al hablar de ciertos temas, la hipersensibilidad exaspera la voz. No como emoción desbordada, sino como señal corporal.

    Ahí reconozco que toca callar.

    Karma es cuando hablo desde la mente. Dharma, cuando al atender, surge el silencio.

  • Paciencia aprendida

    Paciencia aprendida

    Convivir no siempre es acercarse.
    A veces es aprender a esperar.

    Nagi llegó con cautela. Observó el espacio, probó distancias, eligió alturas. Nada fue inmediato, nada forzado.

    La confianza no apareció como gesto evidente,

    sino como pequeños movimientos:

    una mirada sostenida,

    un maullido breve,

    un acercamiento que se detiene antes del contacto.

    Respetar ese ritmo se volvió esencial.

    No intervenir.

    No acelerar.

    No interpretar de más.

    La convivencia empezó a enseñarse sola:

    la paciencia no como virtud,

    sino como forma natural de cuidado.

    Cuando no se invade, algo se abre.

    Cuando no se empuja, algo se aproxima.

    Todo llega cuando toca.

  • Muerte, compañera. Continuidad siendo vida

    «Muerte, compañera. Continuidad siendo vida»

    A quienes marcharon un poco antes:
    a mi hermana, a mi padre y a mi madre.

    Gracias por cuanto la vida me enseñó a través de vosotros.

    A menudo observo la idea de la muerte.
    Observo viéndome reflejado, inmóvil, atendiendo. Inerte y, a la vez, vivo de alguna manera.


    Percibir cómo el cuerpo deja de ser útil y, a pesar de ello, sentirme más vivo que nunca.
    Cuando expreso esto, me refiero a sentir una energía irradiante, infinita, amorosa y compasiva, que siempre estuvo ahí y que simplemente Es,
    intensamente presente cuando se deja ir, cuando se suelta el cuerpo y se acepta.


    Hay ocasiones en las que saco este tema en conversación con personas con las que siento que puedo entrar ahí.
    Es curioso observar de inmediato los cambios sutiles en sus rostros: microexpresiones que me resultan fáciles de detectar y que, tal vez, hablan de sus miedos.


    Comprendo que no toda persona esté preparada para hablar de la muerte. Suele aparecer un velo: el disimulo, el cambio de tema o una justificación apresurada. Y me pregunto:
    ¿qué tanto miedo puede provocar algo que es natural y que convive paralelamente con la vida?


    Observando esta idea, cuando uno entra en el sueño para el descanso corpóreo, de algún modo muere. No literalmente —el pulso sigue—, pero si uno cayera en un sueño del que jamás despertase, sin dolor alguno… ¿qué habría entonces que temer?


    El miedo está muy presente en el ser humano. Tal vez lo que realmente se tema sea perder la identidad del personaje que cada cual ha construido.


    Yo no lo sé. En realidad, no sé absolutamente nada.

    Cuanto más avanzo redescubriéndome en mi propio proceso de aprendizaje a través de las lecciones de la vida, más reconozco que no sé nada. Y eso me fascina, porque abre la posibilidad de ver desde un nuevo prisma, sin personaje, con panoramas limpios de juicio.


    Muchas veces me sorprendo atendiéndome, atónito, observando un paisaje, un atardecer, a un individuo en sus quehaceres, a un animal, a un insecto… u observándome observar aquello que observo.


    Cuando atiendo de este modo, siendo presencia, todo lo que creía saber pierde importancia. Surge comprensión, conocimiento, y aparece una compasión profunda al reconocer cuánta ignorancia hay en mí que aún puede ser soltada.


    Es en estos estados de presencia donde, al observar lo que denominamos muerte, no la veo como un final, sino como una continuidad. Una vía paralela a lo efímero del cuerpo, emergiendo de él aquello que uno es y siempre fue: presencia.


    Cuando tengo conocimiento del fallecimiento de un ser cercano —o no—, una parte de mí, hecha de vivencias y experiencias compartidas, muere junto con él. Y, a la vez, siento una grata sensación: todos dejaremos este cuerpo material prestado para regresar a donde pertenecemos.
    Simplemente, ese ser querido regresó un poco antes al hogar.


    ¿Qué somos nosotros, como seres humanos, frente a la inmensidad del cosmos?
    Nuestro paso vital por este hermoso planeta llamado Tierra es breve, efímero, un suspiro. Y aun así, tenemos —si así lo decidimos— la posibilidad de invertir este breve tiempo en aprender a amarnos, aceptarnos tal como somos, prestarnos atención y autoobservación a través de los espejos que la vida nos presenta.


    En esa humanidad compartida, uno puede reconocerse reflejándose en ella. 🤍


    Cada amanecer realizo un pequeño ritual para no olvidar en mí dónde todo inició, un 22/02/2016:

    Al despertar, agradezco el nuevo día de vida y las infinitas posibilidades de aprendizaje que trae consigo.

    Por experiencia propia he constatado que estar vivo es un milagro y una bendición. En un solo instante todo puede cambiar, sin vuelta atrás. Solo queda responsabilizarse de lo acontecido y proseguir del mejor modo que uno sepa y pueda.

  • Semillas

    Semillas

    No nacieron para ser explicadas.

    Nacieron en silencio, en mi experiencia, en momentos concretos, cuando algo se asentó sin hacer ruido.

    Las llamo semillas porque no buscan convencer ni servir de mapa para nadie.

    Son apuntes de lo vivido, formas en las que la claridad se dejó ver en mí.

    No apuntan hacia fuera, ni pretenden valer para todos.

    Aquí las reúno tal como fueron apareciendo,

    sin orden forzado,

    sin jerarquía,

    sin pulirlas de más.

    Cada una guarda el gesto exacto del instante en que algo se reconoció.

    — Cuando respeto mi ritmo, la vida me adelanta sin esfuerzo.

    — El cuerpo está volviendo a su centro porque yo lo estoy.

    — Karma es actuar desde el ruido en mí.
    Dharma es actuar desde la claridad que nace sola.

    — Karma tensa el cuello en mí.
    Dharma deja pasar la paz.

    — Nada toca a nada;
    es la mente quien inventa el contacto.
    Cuando la ilusión se cae, solo queda la Conciencia mirándose a sí misma.

    — Aquello que somos no tiene nombre, pero cuando lo nombro, el pecho se expande.

    — Hubo condiciones que permitieron que la vida siguiera reorganizándose.
    No sobreviví para explicar nada; sobreviví para habitarlo con más precisión.

    — Sé hábil, pero limpio.
    Sé fuerte, pero no tenso.

    — Antes de actuar,
    asienta el por qué.

    — Liderar desde presencia,
    no desde acción.

    — No cargues con nadie.
    Enseña, muestra y mantén el trono estable.

    — Sé claro contigo mismo,
    sostén tu territorio,
    dirige desde lo que eres,
    no desde lo que haces.

    — Ayudar no es hacer por el otro lo que el otro puede y debe hacer.

    — No necesito cambiar nada para ser.
    Solo necesito no olvidarme.

    — Acompaño desde lo que soy.

    — Somos constructores de nosotros mismos.

    — Ser.
    Estar.
    Sentir.
    Atender.

  • El vuelo de Xènia

    El vuelo de Xènia

    siente esfuerzo
    persistiendo disfruta
    siendo libertad

    Aquello que veo:

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