• “No desear.”

    Esto que me nace lo expreso así: el deseo es una adicción, una retroalimentación constante para olvidar, para no aceptar, para acallar la mente y no enfrentar los propios problemas. Puede tomar muchas formas: desear sexo, comida, ejercicio en exceso, conducir con temeridad, buscar peleas o incluso maltratar a los demás, tanto física como psicológicamente. El deseo, en todas sus máscaras, termina enfermando al cuerpo y al espíritu.

    El ser humano suele quedar atrapado en esa rueda: cuando obtiene lo deseado aparece el miedo a perderlo; cuando lo pierde, surge el sufrimiento. Y muchas veces intenta tapar ese dolor buscando otro deseo que lo sustituya.

    He ido descubriendo que el sufrimiento no es una sentencia inevitable, sino una elección. Aprender a no desear no significa negar la vida ni renunciar al placer; significa no depender de las cosas para hallar paz. Es soltar la urgencia de conseguir para sentirme completo.

    Hoy practico mirar lo que surge en mí con compasión y gratitud: observar el deseo, reconocerlo y dejarlo ir. En ese espacio aparece el descanso verdadero —no por privación, sino por libertad.

  • Abundancia

    sienten miedo
    tierra, agua, aire, hay
    la vida nutre

  • Un instante cualquiera

    sigo Atento
    observo paso atrás
    sereno, en paz

  • El ego

    el control quiere
    teme desaparecer
    inocente es

  • Sensaciones

    entumecido
    no hallo explicación
    ni busco saber

  • Uno somos

    no estoy solo
    en mí eres en ti soy
    interconexión

  • Observar

    Atención plena
    dirigirse adentro
    lo que surja, es

  • Sorprendido

    susurrándome
    la brisa entre bambús
    escalofríos

  • Imparable

    emocionad@
    abiert@ a descubrir
    siendo curios@

  • Libertad

    todo lo puede
    elige sabiamente
    nada le ata

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