Esta mañana la vida me mostró un giro inesperado: quien hasta ayer me acompañaba en el camino me dijo que no está bien en la relación y que desea continuar sola.
No hubo ruido exterior. Solo una verdad que se abrió, serena y tajante. Y en ese mismo instante apareció en mí el mar interior —esas olas que llamo mi “tsunami”.
Por la tarde, casi como un guiño, vi una entrevista a Tony Estruch, recuerdo del encuentro que tuvimos en 2023 y de su sugerencia de escribir. Ese recuerdo me llevó a dibujar mi genotipo: símbolos que no son adornos, sino coordenadas. Al trazarlos, comprendí que mi raíz no depende de un vínculo; mi motor nace de la intuición, del amor incondicional y de la necesidad de comunicar aquello que me habita.
“Infinito, Círculo y Rombo… huellas de lo que me habita.”
Las emociones son como un océano. En la superficie rugen y golpean, pero basta con descender unos metros para que el oleaje se transforme en un balanceo suave, como una nana en brazos de la Madre Tierra. Esa es la práctica de la Atención: no negar la tormenta, sino mirar desde la profundidad donde todo se mece en calma.
Imagen creada por IA
Si la vida propone separación, no es necesariamente un final. Es un llamado a reencontrar la brújula propia. Hoy siento dolor y agradecimiento a la vez: dolor por la herida que se abre, agradecimiento porque la herida me revela lo que permanece.
No busco consuelo ni respuestas fáciles. Solo afirmo algo que ya sé: lo que soy no se reduce a una historia que pueda romperse. Soy la Conciencia que observa el oleaje. Y en ese observar, volver al trazo del genotipo fue un acto sagrado de anclaje.
Cada cual tiene su tiempo para decidir lo que corresponde en su vida. Quien caminaba a mi lado eligió seguir por otra senda. Lo acepto. Si mañana el camino bifurca de nuevo, también lo aceptaré.
Dibujo, escribo, respiro. Eso basta por hoy.
gerardunus G.A.L.U.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
Hay días que parecen dejar huella en la memoria. Hoy es uno de ellos. Transito un tsunami de sensaciones; una innata curiosidad me invade, expectante a lo que surja. Y, al mismo tiempo, lo dejo estar. No hay expectativas: lo que sea, será descubierto, experimentado desde lo nuevo, desde la emoción del descubrir. Trato de no dejarme arrastrar por el ruido mental. Le hablo con ternura, educándolo a estar, a ser, a sentir lo presente, sin huir hacia lo ilusorio. Mientras escribo estas líneas, surge una sonrisa: observo al pequeño yo, al ego, intentando aprender. Y me resulta divertido: es un juego.
Desde una mirada más amplia, comprendo que no hay días que marquen más que otros. Cada instante es perfecto, surja lo que surja.
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…