• 07 abril 2026

    07 abril 2026

    Observo las avispas

    Un año más, llega la primavera
    y con ella retoman su rutina.
    Regresan al mismo lugar.

    No sé si regresan o si nunca se fueron.
    Tal vez solo permanecían, en otro ritmo.

    Caminando, a cierta distancia, el zumbido me resultó familiar.
    Y lo supe: ahí están, nuevamente.

    Mirarlas es hipnótico.
    Me acerco.
    No hay miedo.
    Hay confianza.
    Algo se ordena dentro sin necesidad de entenderlo.

    La naturaleza es bella.
    En ella no encuentro respuestas, encuentro silencio.

    Antes las veía,
    pero no las observaba.
    No estaba ahí.

    Hay tanto que aprender mientras uno desaprende.

  • Perdono. Me perdono.

    Perdono. Me perdono.

    Yo perdono.
    Me perdono, sin olvidar.

    Perdonar es dejar ir la pena, la ira que me mantenía cautivo. No se trata de ignorar el daño que ha sido hecho,
    sino de otorgarme a mí mismo la paz que merezco.

    No olvido lo sucedido.
    No para reprochárselo a nadie,
    sino como aprendizaje propio.

    Perdonar no significa aprobar lo ocurrido
    ni estar dispuesto a que suceda de nuevo.
    Significa elegir avanzar sin cargar resentimiento.

    Mantener el recuerdo vivo
    es una forma de permanecer alerta, atento.

    Olvidar sería desechar las lecciones que obtuve de esa experiencia,
    borrar lo doloroso y, a la vez, lo valioso
    que ha dado forma a lo que soy hoy.

    Los recuerdos, para mí, son como cicatrices que ya no duelen.
    Sin embargo, me cuentan historias:
    aquello a lo que he sobrevivido
    y hasta dónde he llegado.

    Perdonar y perdonarme son esenciales.
    Perdonar me libera.
    Recordar integra.

    Perdono para ser libre.
    Recuerdo para no repetir.

  • Sentir el limite

    Sentir el límite

    Ocasionalmente, al hablar de ciertos temas, la hipersensibilidad exaspera la voz. No como emoción desbordada, sino como señal corporal.

    Ahí reconozco que toca callar.

    Karma es cuando hablo desde la mente. Dharma, cuando al atender, surge el silencio.

    🌱 A veces, la respuesta correcta es callar.

  • Acompaño desde lo que soy

    Acompaño desde lo que soy


    no es entrar en su historia ni sostener lo que no me pertenece.

    Acompañar es algo más simple, más humilde, más vivo:
    es estar sin invadir, mirar sin juzgar, escuchar sin retener.

    Con los años descubro que, cuando dejo de intervenir,
    la vida pone cada cosa en su sitio.

    Entonces mi presencia calma,
    mi silencio ordena,
    y mi mirada —cuando es limpia—
    le recuerda al otro que existe un modo más suave de vivir.

    Acompañar es un acto de libertad compartida:
    yo soy yo, el otro es él,
    y entre ambos solo queda el espacio donde la verdad respira.

    La madurez espiritual tiene mucho de esto:
    no empujar, no salvar, no ocupar.
    Ser. Estar. Atender.
    Y desde ahí, ofrecer.

  • 🌌 Bendito Sesha… Siempre en nosotros

    🌌 Bendito Sesha… Siempre en nosotros

    Bendito Sesha
    Siempre en nosotros

    No lo esperaba… aunque el alma parece saberlo antes que la mente.
    Al recibir la noticia, el silencio fue mi única palabra.

    El maestro Sesha regresó al hogar.

    Sesha fue uno de esos seres que no enseñan, sino que recuerdan lo que ya somos.
    Su voz, tan serena, hablaba desde un lugar donde el pensamiento ya había callado.
    Hoy su forma se disuelve, pero su presencia permanece en lo esencial:
    en la atención, en la calma, en la certeza de que la conciencia nunca muere.

    Bendito Sesha…
    por haber dejado huellas de claridad en quienes te escuchamos,
    por haber hecho del Advaita algo vivo y cotidiano.

    No hay despedida para quien habita en el Ser.
    El Amor no se apaga, solo cambia de forma.



  • 💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    💌 Carta de Einstein a su hija

    Reflexión inicial:

    Cuando uno se acepta tal y como es —con sus defectos y habilidades— nace el amarse.
    Descubre que acepta cuanto la vida propone, porque sabe que son lecciones a ser atendidas para seguir evolucionando en sí mismo.

    Seguidamente, resurge el amor que uno es y siempre fue,
    simplemente olvidado, tapado por un velo que el ego trataba de mantener fijado y mantenernos ciegos.

    Conforme uno se redescubre, se reinventa, y se abre a transmitir lo que siente sin temor al rechazo, comprende que jamás puede ser atacado;
    porque en su mirada, todo se vuelve amor:
    amor en lo que observa y en lo que atiende.

    No hay palabras para describir aquello que yace en uno,
    esa energía amorosa sin igual.


    Carta de Albert Einstein a su hija

    Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía.
    Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

    Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor,
    un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio,
    el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta.
    Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

    Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl,
    comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede,
    porque el amor es la quintaesencia de la vida.

    Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida.
    Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.

  • 🌠Bleu, espejo del Ser

    es inocencia
    fascinado descubre
    verlo es verse

  • Bleu y las luces del teclado

    🌠 Bleu y las luces del teclado

    Jugaba.
    Cada tecla encendía un color y una sonrisa.
    El niño no buscaba nada, solo miraba la vida encenderse bajo sus dedos.

    Alguien podría pensar que era “demasiada pantalla”,
    pero a veces la conciencia también se manifiesta a través de un led,
    de una luz que parpadea y enseña el milagro del instante.

    Prohibir no siempre educa;
    acompañar, sí.
    El alma del niño no necesita límites rígidos,
    sino presencia que sostenga su curiosidad.

    💠

    “La inocencia no conoce peligro:
    solo necesita ser mirada con amor.”

    “Educar no es apagar la luz,
    sino acompañar su brillo.”

  • Cuánto experimento

    El pasado fin de semana conocí a un joven «del cual guardaré el anonimato, pues no hay para qué dar la información». Fue un descubrir no premeditado. Lo observé entrar mientras finalizaba mi almuerzo y saboreaba el resto de la copa de vino tinto. El joven se acercó a la barra, luego a la terraza «supongo, tal vez observando el entorno». Al regresar al interior pude sentir su mirada, aunque yo miraba hacia otra dirección. Casi sin proponérmelo, opté por mirarlo a los ojos; en ese instante se adelantó a la mesa y me preguntó:

    —¿Eres usted de aquí?
    Así es, joven, desde hace diez meses, noviembre de 2024, le respondí.
    —Es que yo he llegado a este pueblo hace tres semanas.
    ¿Quieres sentarte y acompañarme? Tienes mi permiso e invitación, indicándole la silla con mano alzada.

    El joven inmediatamente tomó la silla y se acomodó. Aquello lo sentí como algo que debía ser experimentado, algo que surgía desde el permitirse vivir, vivenciar. El inicio fue una serie de preguntas por su parte según aquello que interpretaba al mirar el cuerpo, a las que gratamente le respondí usando un diálogo explícito, específico, en primera persona, en presente «—como quien relata una experiencia reviviéndola—. Para que comprendiera lo que le explicaba, le mostré fotos que guardo en el teléfono: de mis tiempos en el culturismo, de mi etapa de ciclista, y también imágenes de la fractura conminuta de C1 (el Atlas, hecho trizas), y de C6 y C7. Porque no cualquiera puede hacerse una idea de lo que significa haber pasado por eso.

    En cierto instante de compartir ideas y experiencias, el joven me pidió un momento de pausa:

    —¿Te puedo pedir que paremos un momento? Es que hay mucha información que necesito asimilar. Desprendes una energía muy intensa… pero es una energía muy agradable, que impulsa, que motiva.

    Acepté y le respondí:
    —Tómate tu tiempo.

    Se retiró unos minutos. Aproveché su ausencia para pagar la cuenta. Cuando regresó, retomamos la conversación con más calma. Minutos después, añadió:.

    —Vamos a dejarlo aquí. Quiero procesar toda esta información. Libera usted una energía intensa, una vibración que solo puedo describir como amor.

    Al salir del bar, en medio de la despedida, me preguntó:

    —He estudiado para ser coach, como tú lo fuiste. ¿Crees que puedo hacerlo?

    Observé cómo surgía en mí la respuesta inmediata del ego que quiere decir “sí”, pretendiendo saber. Hice silencio, lo miré a los ojos, coloqué mi mano derecha sobre su corazón y le dije:
    —Escucha esto: si aquello que deseas realizar, al observarlo, te aporta paz, hazlo. Y si no, no lo hagas.

    Entonces le pregunté:

    ¿Acompañar a personas para que obtengan una vida saludable te aporta paz?
    —Sí, mucho.
    Ya tienes la respuesta, dije en voz baja.

    Sonrió. Yo le ofrecí mi número, y él me dijo:

    —¿Me permites antes reflexionar sobre todo lo compartido? No suelo dar mi número a desconocidos.
    Por supuesto —le respondí—, toma tu tiempo.
    —¿Y no te molesta que no te lo dé? Tú me lo has cedido.
    No. Simplemente, hoy no toca. Tal vez en otra ocasión.

    Me mostró entonces su iPad y me dijo:

    —Mira… estoy leyendo a Eckhart Tolle. Y hoy, a través de ti, he sentido en vivo lo que él describe: una intensa energía al estar ante quien se muestra auténtico, vulnerable, presente.

    Sonreí y le respondí:
    —Todo cuanto escuchaste de mí te resonó porque, tal vez, sea lo mismo que Tolle explica, y yo no soy más que tú… Aquello que ves en mí ya está en ti ahora, en este instante.

    Nos despedimos con un abrazo.

    Personalmente me siento agradecido por esta experiencia. No hace falta vivir en una gran ciudad ni asistir a eventos para experimentar la Unidad. En un pueblo pequeño, o en cualquier espacio, basta con prestar Atención, y lo mágico aparece.

    Dos días más tarde, por la mañana, recibí un mensaje suyo: un saludo y el ofrecimiento de su número. Desde entonces compartimos mensajes, y el vínculo, de forma natural, continúa.

    Siempre tengo en mente lo siguiente:

    “Cada vez que hablo y comparto experiencias con otra persona, soy consciente de que me lo estoy diciendo a mí mismo; y de este modo adquiero una mejor comprensión y conocimiento.
    Si además aquello que comparto le es útil al otro, que así sea.”

    Cada amanecer es un renacer.
    Cada amanecer viene acompañado de infinitas posibilidades y lecciones a ser atendidas.
    Ser presencia de ello es lo que en mí aporta paz e imperturbabilidad.

    Gracias.

  • Continuidad: Conciencia, consciencia y Atención

    Después de la reflexión anterior, estos tres haikus se abren como continuidad.Tres gestos, tres matices, tres formas de nombrar lo inefable.

    Consciencia

    siendo consciencia,

    la ola se levanta

    y vuelve al mar

    Conciencia

    Conciencia plena,

    todo se manifiesta,

    nada me falta

    Atención

    atenta llama,

    sostiene el instante

    sin dividirlo

Otras publicaciones