• INTEGRACIÓN

    Integración


    Durante años, mi cuerpo necesitó esquinas, silencios y espaldas protegidas.
    No era miedo: era saturación.


    Aprendí a sentarme donde nadie pudiera sorprenderme,
    a mirar despacio,
    a elegir el ritmo que no me rompía.


    Hoy aún escucho esas señales,
    pero ya no me encierran.


    No me hice más fuerte.
    Me hice más atento.



    No era fragilidad.
    Era un sistema pidiendo tiempo.

Otras publicaciones