tierra labrada
las semillas brotando
el agua riega
Aquello que veo:
“La semilla guarda el secreto del universo entero.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
tierra labrada
las semillas brotando
el agua riega
Aquello que veo:
“La semilla guarda el secreto del universo entero.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
naturaleza
sentidos armónicos
hay equilibrio
Aquello que veo:
“La serpiente asciende y el cuerpo recuerda su equilibrio.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
espejismo es
vórtice emocional
rara sensación
Aquello que veo:
“Lo ilusorio confunde, pero visto de frente se desvanece.”
Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…
Un texto a partir de una cita de Isadora Duncan
«La mayoría de los seres humanos hoy en día desperdician entre veinticinco y treinta años de sus vidas antes de romper con las mentiras reales y convencionales que les rodean.»
— Isadora Duncan
Hace unos años, al leer esta frase, la hubiera sentido cierta. También pensé que había perdido tiempo antes de “despertar”, que había tardado demasiado en reconocer lo esencial.
Hoy ya no lo siento así.
Todo lo vivido antes de ese cambio fue necesario: cada error, cada ilusión, cada búsqueda, incluso cada desvío. Nada fue desperdicio. Todo era parte del camino que me condujo hasta aquí.
Cada persona despierta cuando le corresponde, en el momento exacto. Ni antes ni después. Y lo anterior no se borra: es semilla y raíz del florecimiento que llega después.
No veo vidas perdidas. Veo procesos únicos, cada uno en su tiempo, cada cual con sus lecciones. Todo es oportunidad para crecer, incluso lo que parece estancamiento.
Por eso agradezco: no solo lo que hoy comprendo, sino también los años en que aún no lo comprendía. Porque ellos hicieron posible este presente.
05 de julio de 2025
El calor está sintiéndose intenso. Uno no puede más que refugiarse permaneciendo en ese espacio, entre pensamientos, en el ahora: ese espacio de absoluto silencio y dejarse sentir.
¿De qué sirve permanecer en el victimismo, en la queja, en el “y si…”? Nada de ello me aportará una solución, cuando esa solución la estoy siendo ahora.
Cuanto más me descubro sumido en fútiles pensamientos, apartado del Ser que soy, más reconozco de cuán poco sé, o nada sé.
Sumando conocimiento siendo consciente.
¿De cuántos actos es uno consciente en el instante de llevarlos a cabo?
Uno actúa como automatizado. Se ha de tratar, en lo posible, de permanecer atento a sí mismo.
Aunque uno se perciba disperso en sutiles pensamientos, regresar al presente, estar atento, sentir, ser: ello es primordial.
No es un hábito fácil; sin embargo, si uno puede permanecer atento, logrará estar en el presente sin esfuerzo.
Gracias, gracias, gracias…
Cuando creo que algo ya está definido, que va a suceder, por algún motivo que ignoro acontece lo contrario. Tal vez permanezco demasiado enfocado en ello y desequilibro la balanza: esa sutileza entre confiar en el decreto y querer asegurar su resultado.
Me rindo absolutamente a ti, Conciencia Universal.
Aquello que deba ser, será, y así lo acepto.
Nada es casual. Todo cuanto surge en el camino es aprendizaje. Prefiero navegar la incertidumbre a dar por hecho.
Que sea como deba ser. Confío plenamente en ti.
Gracias, gracias, gracias.
Cuánta más atención pongo en mí, más reconozco cuánto queda por aprender y desaprender.
Es recurrente: observo episodios de reacciones breves a través del niño dolido. Lo percibo, lo observo; sin embargo, lo adecuado es no responder ni actuar desde ahí, sino hacerlo como adulto.
“No es simple.”
Trato de permanecer atento a mí tanto como sé. Es fácil encontrarse dopado en sueños inútiles, fantasías…
Es el camino. No conozco otro. En cada instante me observo, observo cuánto acontece, como quien contempla un valle desde la cima de la montaña: observar sin juicio, sabiendo que cada cual tiene su propia historia y trabaja en sí mismo.
¡No controlo absolutamente nada!
Cuando creo que algo ya está definido, que va a suceder, por algún motivo que ignoro sucede lo contrario. Tal vez permanezco demasiado enfocado en ello y desequilibro la balanza: esa sutileza entre confiar en el decreto y querer asegurar su resultado.
Me rindo absolutamente a ti, Conciencia Universal.
Aquello que deba ser, será, y así lo acepto.
Nada es casual. Todo cuanto surge en el camino es aprendizaje. Prefiero navegar la incertidumbre a dar por “hecho”.
Que sea como deba ser. Confío plenamente en ti.
Gracias, gracias, gracias…
Un texto extraído de mi cuaderno, fecha 7/04/25
Todo cambió desde aquel 20 de febrero de 2016. Podría decirse que mi vida se desaceleró por completo.
Hoy amo navegar en este sutil ritmo, sin prestar atención a lo innecesario: el reloj, el aparentar, el querer gustar a los demás, preocuparse por el qué dirán, pretender saber de otros…
Tuvo que ser así. No pudo ser de otro modo: aquel Gérard tuvo que morir para que el Ser que hoy soy permaneciera en paz.
Observo, mirando hacia atrás el transcurso de estos 9 años, y recuerdo cuánto he vivido para adquirir esta comprensión y conocimiento. Porque “saber” no es suficiente: tengo la absoluta certeza de que no se sabe realmente nada.
El dolor persiste. No bajó de intensidad, pero al dejar de ser “enemigo” y reconocerlo como “dolor”, uno lo sostiene y lo acepta.
Hoy soy autosuficiente. Me lo he demostrado retirándome en la soledad para aprender y comprobar que siempre existen posibilidades de hacer las cosas de otro modo.
Sí, me basto solo. Pero también aprendí a pedir ayuda cuando es necesario. Y, a su vez, me gusta compartir el camino con quien elegí como pareja. Con ella todo suma: hasta los instantes de silencio adquieren mayor belleza al ser compartidos.
Ya no existe una necesidad de poseer o retener, sino un disfrute de cada instante y una serenidad al compartir proyectos, decisiones y camino. Incluso cuando no coincido, aprendo a ponerme en la piel del otro y confiar.
Este simple acto de confiar une. Y puesto que confío plenamente en la vida, sé que cuanto decidamos surgirá siempre y cuando estemos unidos en el mismo fin.
Si algo me han aportado estos últimos 9 años es conocimiento sobre mí mismo a través de las experiencias vivenciadas, añadiendo una cierta Sabiduría.
Ser paciente tanto conmigo como con los demás. Comprender que lo que me molesta del otro son asuntos internos míos, aún a la espera de ser resueltos.
Me gusta observar a los demás, bajo una mirada compasiva y con la comprensión de que cada cual tiene su propia historia, aunque a veces me cueste verlo a través del limitado ego.
La vida es maravillosa. Ella simplemente es.
Lo que nosotros le añadimos es solo nuestra interpretación a través de proyecciones, creencias, hábitos y personalidad.
Si quitamos todo eso y nos limitamos a ser presencia, a estar, todo es perfecto tal cual es.
Sigamos sumando conocimiento y experiencias.
Un texto extraído de mi cuaderno, fecha 4/12/24
La existencia es un continuo aprendizaje. Cada nuevo día llega lleno de posibilidades y, según la actitud que uno tome al despertar, así se manifestarán.
Personalmente me siento perplejo y emocionado a la vez por cuanto está sucediendo, agradecido por cuanto se me otorga. Siento en mí una inmensa satisfacción, una emoción de gratitud infinita. Siento el plexo expandirse de dicha, gratitud, amor incondicional.
A veces cuesta creer, aunque tal vez la duda sea que es incomprensible: no existen palabras que definan lo que uno vivencia y siente a la vez.
Solamente puedo expresar: gracias, gracias, gracias; pues al buscar un significado corro el riesgo de añadir, sin darme cuenta, una creencia del ego que intente explicar lo inexplicable.
Simplemente suelto y dejo que suceda, permitiéndome sentir la dicha y la sincronía con la vida, con el Todo.
Absolutamente todo es perfecto tal y como está sucediendo. Todo cuanto acontece no puede ser de otro modo: tiene un propósito, y acepto vivenciarlo tal y como se presenta ante mí.
Un instante infinitamente agradecido, sublime, en paz conmigo mismo.