• Libre Albedrío

    A pesar del caos que uno, prestando Atención, pueda observar en lo cotidiano —sea en conversaciones con semejantes o en la mera contemplación de un hecho causal—, siempre hay pinceladas que invitan a mirar más allá del mundo ilusorio. A pesar de ello, tengo fe.

    No soy especial, no hay en mí nada distinto de ti, lector. Tan solo elegí. Y ese simple gesto creó un cambio completo en mi vida. Para mí fue tan contundente que marcó un antes y un después: trabajé en el estar Atento, en cuestionar cuanto doy por hecho, cuanto creo real.

    Ese gesto, aunque pequeño, despierta del letargo. Si yo lo hice, cualquiera puede hacerlo. No hay truco ni barita mágica: se trata de voluntad, fe y una decisión honesta de cambiarse a sí mismo. Todo inicia en uno.

    Después, cada cual tiene su tiempo, su ritmo, su momento. La elección es de cada cual. No se trata de dar consejos desde el ego que cree saberlo todo, sino de compartir lo que uno ha vivido. Nadie puede aconsejar sin haber pasado por la misma experiencia y sin haberla trascendido; y si no fue pedida la ayuda, mejor callar.

    Todo acto que realizamos es fruto de una elección. Elijamos, pues, con plena consciencia.

    Que la luz del Universo guíe cada instante de duda e ilumine tu camino, para que halles decisiones alineadas con valores éticos y coherentes con todo aquello que piensas, dices y haces.

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • “No desear.”

    Esto que me nace lo expreso así: el deseo es una adicción, una retroalimentación constante para olvidar, para no aceptar, para acallar la mente y no enfrentar los propios problemas. Puede tomar muchas formas: desear sexo, comida, ejercicio en exceso, conducir con temeridad, buscar peleas o incluso maltratar a los demás, tanto física como psicológicamente. El deseo, en todas sus máscaras, termina enfermando al cuerpo y al espíritu.

    El ser humano suele quedar atrapado en esa rueda: cuando obtiene lo deseado aparece el miedo a perderlo; cuando lo pierde, surge el sufrimiento. Y muchas veces intenta tapar ese dolor buscando otro deseo que lo sustituya.

    He ido descubriendo que el sufrimiento no es una sentencia inevitable, sino una elección. Aprender a no desear no significa negar la vida ni renunciar al placer; significa no depender de las cosas para hallar paz. Es soltar la urgencia de conseguir para sentirme completo.

    Hoy practico mirar lo que surge en mí con compasión y gratitud: observar el deseo, reconocerlo y dejarlo ir. En ese espacio aparece el descanso verdadero —no por privación, sino por libertad.

  • OBSERVAR

    En el ritmo vertiginoso del cotidiano, parece que uno deba seguir un modo fijo de hacer, de actuar frente a los eventos. Y, sin embargo, lo esencial es realizar un Alto en uno mismo y Observar con Atención. Cuando escribo Atención con mayúscula, es porque quiero resaltar la importancia de detenerse: bajar el ritmo no solo físico, sino sobre todo mental. Ese ruido interior que no cesa y nos arrastra como autómatas inconscientes necesita ser mirado.

    Hacer un Alto y Atenderse es darse la posibilidad de ver desde otro prisma. Como quien contempla un pueblo desde lo alto de una montaña: casas, árboles, calles, personas que caminan, animales, el cielo azul con nubes que se mueven lentas… Todo visto sin juicio, como una película que sucede. Ese es el gesto de Prestar Atención.

    He aprendido —y sigo aprendiendo— a practicarlo en lo cotidiano. Me gusta salir de casa, caminar hasta el bar La Sociedad, pedir un café largo y sumergirme en la lectura. Antes el ruido me distraía; hoy, poco a poco, voy descubriendo cómo puedo leer y, al mismo tiempo, dejar que las voces, el bullicio, el simple suceder alrededor fluyan. No siempre lo logro, pero cada vez me es más natural: sin molestia, sin juicio. Solo ver. En esos momentos, a veces me reconozco en el espejo de los demás: viejas actitudes que fueron mías, inconscientes. Y en lugar de juicio, me nace compasión: todos estamos resolviendo asuntos internos, cada cual, en su proceso, cada cual a su tiempo.

    También miro atrás, al Gérard del deporte. Treinta años de culturismo y después cuatro de ciclismo de carretera. Allí descubrí la pasión por compartir con un equipo, el valor de aprender dentro de un pelotón de doscientos ciclistas, la alegría de ser reconocido por veteranos a los que admiraba. Más que trofeos, me importaba la amistad, el respeto, la risa compartida antes de competir. Hoy no lo recuerdo con dolor, sino con gratitud. Fue una etapa de entusiasmo y disciplina, de observar y aprender, de crecer junto a otros.

    Y llegó el accidente. Muchos lo llaman “sufrimiento”. Para mí fue otra experiencia. No lo vivo con rabia ni resentimiento: lo cuento como una anécdota vital, porque allí recibí la lección más grande. Ese accidente fue un Renacer. Gracias a él hoy sé mejor quién soy, y tengo claros mis valores, alineados con lo que pienso, hablo y hago.

    La vida es, sin más, y al mismo tiempo, la gran maestra. Nos propone situaciones para aprender a resolverlas de otro modo. Cada cual tiene su propio proceso, y lo transita como puede y sabe.

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • Lo real

    Siento que este mundo que percibo no es lo real.
    No parece estar en mis pensamientos, ni en mis recuerdos, ni en las creencias que heredé.

    Lo que intuyo como real es la Conciencia misma, experimentándose a través de esta forma humana.
    El personaje que soy aquí vive pruebas, etapas, aprendizajes.
    Pero no es el fin último: solo es el escenario.

    Para mí, lo real no está en lo que interpreto, sino en Aquello que observa.
    No en el sueño, sino en quien comienza a despertar dentro del sueño.

    gerardunus
    G.A.L.U.

    Cada trazo, cada palabra, una meditación silenciosa en el fluir del tiempo…

  • De lo roto a la fuerza

    Capítulo 1 – El día del accidente

    El 22 de febrero de 2016 amanecía como un día cualquiera, con el ritual de entrenar en bicicleta por la C-260. Nada hacía presagiar que esa ruta marcaría un antes y un después en mi existencia.
    Un camión, un instante fugaz, y de pronto todo se quebró. No solo la bicicleta, no solo mi cuerpo: también el curso de mi vida.

    Me trasladaron de urgencia. En ese trayecto y durante las primeras horas, los médicos no sabían cómo proceder. Las imágenes revelaban un mapa devastado de fracturas y daños: la columna partida en dos, el atlas hecho añicos, los ligamentos destrozados. Era un caso que excedía los protocolos, sin precedentes claros en los manuales.

    Fueron nueve días suspendidos, un tiempo de espera en el que la vida parecía depender de un hilo. “Desconectado del universo”, así lo describo hoy: presente y ausente, sostenido apenas por la incertidumbre médica y la esperanza de lo improbable. Durante ese periodo, especialistas de distintos lugares fueron consultados. La pregunta era siempre la misma: ¿hay salida? ¿hay manera de salvar este cuerpo sin dejarlo atrapado para siempre en la inmovilidad?

    La respuesta llegó finalmente con una decisión quirúrgica de alto riesgo: fijar con titanio desde C5 hasta D2, una operación que buscaba no solo estabilizar la columna, sino darme una oportunidad de seguir en este mundo.


    Capítulo 2 – Lesiones y diagnóstico

    El impacto dejó en mi cuerpo un mapa de fracturas que hablaba por sí mismo:

    • El atlas, C1, reducido a fragmentos, una fractura conminuta de altísimo riesgo por su cercanía al tronco cerebral. Normalmente, una lesión incompatible con la vida: la mayoría de pacientes mueren en el acto o quedan en coma irreversible.
    • C6 y C7, luxados, separados. En la mayoría de casos produce tetraplejia completa, porque suele seccionar la médula. En mi caso no hubo sección, pero sí una lesión medular localizada en 1ª y 2ª motoneurona, con secuelas neurológicas permanentes.
    • Hematomas cervicales desde C2, ligamentos desgarrados —nucal, interespinoso, amarillo—, sostén roto de aquello que mantenía erguido al cuerpo.
    • Fracturas dorsales múltiples: D1 a D5, D11, con el pilar anterior de D2 comprometido.
    • Oclusión total de la arteria cervical izquierda.
    • Politraumatismo craneoencefálico con microcoágulos en el área prefrontal derecha.
    • Desgarro muscular en el cuádriceps derecho, parestesia extendida al brazo y la mano izquierda.

    Era un cuadro de guerra interna, un cuerpo colapsado que aún respiraba. Los diagnósticos llegaban con palabras frías, pero detrás de ellas estaba la pregunta esencial: ¿podría volver a caminar?, ¿podría volver a vivir sin quedar atrapado en un cuerpo inmóvil?

    Capítulo 3 – El Guerrero de Rabia

    Un año después del accidente, escribí estas palabras, reflejo de aquel tiempo en que la rabia era mi combustible:

    “ES MI VIDA.
    YO LA ESCOGÍ, NADIE ME OBLIGA A NADA.
    SI PARA LOGRAR MI OBJETIVO HE DE SUFRIR, SUFRO…
    USARÉ ESA RABIA EN MIS PROPÓSITOS, ELEVÁNDOLA A SU MÁXIMO PODER,
    CONVIRTIÉNDOLA EN ENERGÍA PURA HASTA QUEDAR EXHAUSTO.
    SOLO ENTONCES PARARÉ.”

    La rabia me sostuvo, pero también me quemaba. Era lucha física, mental y emocional. Pelear contra el sufrimiento fue mi modo de sobrevivir.

    Cita:
    “La rabia fue fuego, y el fuego también ilumina el camino.”

    Capítulo 4 – La Fe y la Perseverancia

    Tras la rabia, aprendí la importancia de la perseverancia.
    La fe no fue religiosa, sino confianza en que cada paso contaba.

    La velocidad no era lo esencial, sino no detenerse.
    La rehabilitación era un territorio desconocido: avances pequeños, retrocesos dolorosos, pero siempre un paso más.

    Cita:
    “Cada paso cuenta.”

    Capítulo 5 – El Hombre Nuevo

    Hoy no soy el mismo que cayó aquel día.
    Las lesiones permanecen, las secuelas son parte de mí, pero ya no me definen.

    Aprendí que no soy lo roto.
    Soy la fuerza que surge de abrazar lo roto.

    “Hoy sé que no soy lo roto: soy la fuerza que surge de abrazarlo.”

    Cierre

    “El accidente no me quitó la vida: me la transformó. Gérard, el de antes, quedó en el asfalto; yo soy el que renació de ese final.

    He comprendido también que no soy este cuerpo. Este cuerpo reconstruido es un recipiente, una herramienta que utilizo, y que sirve para expresar y habitar aquello que verdaderamente soy. La personalidad de antes se deshizo; lo que queda es lo esencial, lo que observa, lo que vive más allá de las formas.”

    gerardunus
    G.A.L.U.

  • Sincronicidad

    Ayer escribí una carta, movido por un impulso profundo de la intuición. No quería que se desvaneciera en la memoria, así que la dejé plasmada en palabras.

    Hoy, al conversar con un amigo por teléfono, sucedió lo inesperado: me compartió un viaje próximo, en sintonía exacta con lo que yo había escrito un día antes. Y en ese instante comprendí. Lo que había nacido en mi interior encontraba su reflejo afuera.

    Nada es casual. La vida entreteje mensajes de formas que no siempre entendemos a primera vista. Cada quien puede verlos como simples coincidencias, o como llamados a escuchar con más atención.

    Todos y todo está interconectado. Cuando prestamos oído a esas señales, se abre la posibilidad de actuar distinto, de no repetir viejos patrones, de abrazar lo nuevo.

    Qué belleza observar la sincronicidad y saberse uno con Todo.

  • Hay días que marcan

    Hay días que marcan

    Hay días que parecen dejar huella en la memoria. Hoy es uno de ellos.
    Transito un tsunami de sensaciones; una innata curiosidad me invade, expectante a lo que surja. Y, al mismo tiempo, lo dejo estar. No hay expectativas: lo que sea, será descubierto, experimentado desde lo nuevo, desde la emoción del descubrir.
    Trato de no dejarme arrastrar por el ruido mental. Le hablo con ternura, educándolo a estar, a ser, a sentir lo presente, sin huir hacia lo ilusorio.
    Mientras escribo estas líneas, surge una sonrisa: observo al pequeño yo, al ego, intentando aprender. Y me resulta divertido: es un juego.

    Desde una mirada más amplia, comprendo que no hay días que marquen más que otros. Cada instante es perfecto, surja lo que surja.

  • 🌍 Manifiesto del Ser frente al Poder

    Se talan bosques bajo la excusa de prevenir incendios, se cierran caminos en la naturaleza para supuestamente protegernos, y las voces oficiales hablan de sostenibilidad mientras promueven políticas que cortan el vínculo más sagrado: la unión del ser humano con la Madre Tierra.

    La sabiduría de la naturaleza

    No es la Tierra quien pide ser talada. Ella sabe regenerarse: los bisontes, los caballos salvajes, las manadas libres han sido desde siempre sus jardineros. El pastoreo, las quemas controladas y la vida rural son aliados naturales. Lo que se propone muchas veces no nace de la vida, sino del interés económico.

    Los hilos ocultos del poder

    Son muchos en el mundo quienes conocen una lista de familias y linajes que, se dice, han entretejido gran parte de lo que sucede: Rockefeller, Rothschild, Morgan, DuPont, Astor, Warburg, Vanderbilt… Nombres que aparecen una y otra vez en relatos y especulaciones sobre el poder.

    Se habla de su influencia en la banca, la energía, la farmacéutica, la agroindustria y los medios. Y junto a ellos, las grandes corporaciones contemporáneas —tecnológicas, farmacéuticas, alimentarias— sostienen un sistema que parece basarse en el miedo, la dependencia y la desconexión.

    Más allá de la culpa

    Sería fácil culpar. Sería fácil odiar. Pero no es desde ahí desde donde miro.
    Porque comprendo que quienes hacen esto también están atrapados en su propio miedo, en su propio ego, en la ilusión de control.

    Todo ello soy

    Y, sobre todo, porque comprendo que yo también soy parte de todo lo que existe.
    Donde hay incendios, también soy ese incendio.
    Donde hay maltrato, también soy ese maltrato.
    Donde hay engaño y saqueo, donde hay dejadez, suciedad, abandono, etc., también formo parte de ello, pues participé con mis pensamientos, con mis sombras, con mis olvidos… Todo ello soy.

    Todo nace ahora

    Y han sido siglos, centurias enteras, donde la humanidad ha ido sumando pensamientos, emociones y modos de obrar basados en miedo, separación y dominio. Ese peso colectivo está en mí también, porque no estoy separado de la historia del mundo.

    Pero el saber más profundo es verlo desde un nuevo prisma: aunque mire hacia atrás, aunque vea siglos de sombra acumulada, absolutamente todo nace ahora, en este instante.
    El instante presente es el único lugar en el que la vida se está dando, en el que todo se crea, donde todo se transforma, donde todo renace.

    El cambio comienza dentro

    Por eso no se trata de culpar afuera, sino de asumir la responsabilidad adentro.
    La transformación empieza en mí, en ti, en nosotros: en observar y tomar la responsabilidad de cada emoción que surja, en sentir la ira y la tristeza sin negarlas, en educar al ego en lugar de dejarlo gobernar.

    La belleza del despertar

    Cuando despierto, ya no me pierdo en lo literal ni en las máscaras del poder.
    Descubro la belleza en cada instante: en un árbol, en un gesto, en un silencio.
    Y sé que cuanto más despierto, más limpio también el mundo.

    Un cierre luminoso

    La vida se expresa en mí ahora.
    En este instante.
    Y desde este instante la vida está expresándose a sí misma a través de mí.

    Y no estoy solo en este camino. Cada vez son más quienes despiertan, quienes asumen su responsabilidad interior y trabajan en sí mismos.
    Cuantos más seamos, mayor será la visión de un mundo perfecto: la comprensión de que todo cuanto sucede en este instante es perfecto, de que todo sucede por un bien mayor, de que la vida no se equivoca, de que la vida sabe y se sabe, creando equilibrio allí donde se requiere.

  • De aquel a este

    Sigo siendo Ciudadano Universal.
    El nombre permanece, pero yo no soy ya aquel.

    En 2023 escribía desde la herida abierta: el accidente, la rutina del dolor, el intento de comprender por qué. Hoy miro esos textos y me reconozco, pero también me sonrío: era un paso necesario, una voz que nacía desde la vulnerabilidad.

    Hoy comparto desde otro lugar.
    No desde el mártir, sino desde el testigo.
    No desde la herida, sino desde lo que ha brotado en ella: conciencia.

    El nickname no cambió, porque en lo esencial nunca cambia lo que somos. Lo que sí cambia es la mirada, el modo de expresarnos, la forma de vivir el mismo misterio.

  • Kaizen: El arte de la mejora continua

    Kaizen – Kanji japonés que significa mejora continua