Aquello que continúa
Desde hace algún tiempo siento una creciente atracción por el cosmos.
Cuando alzo la mirada al cielo, siento que algo en mí reconoce aquello que está contemplando.
Años atrás escuché a Carl Sagan expresar que el cosmos también está en nosotros, que estamos hechos de materia estelar y que somos una forma mediante la cual el propio cosmos puede llegar a conocerse a sí mismo.
No lo recibí solamente como una idea hermosa.
Sentí un profundo reconocimiento.
Algo en mí dijo: sí, así lo siento.
Música: “Shadows and Dust”, de Scott Buckley — CC BY 4.0
http://www.scottbuckley.com.au
Mi manera de contemplar la muerte nace de ese mismo lugar.
El accidente que experimenté me acercó a la posibilidad real de que esta vida terminara.
No morí ni viví una experiencia cercana a la muerte. No regresé con respuestas acerca de lo que sucede después.
Sin embargo, conservo un recuerdo profundamente significativo.
Instantes antes del impacto escuché con absoluta claridad una voz que percibí detrás de mí.
Fue casi un susurro y, al mismo tiempo, una advertencia inequívoca:
«Cuidado».
Me giré sobre la bicicleta, sorprendido, buscando quién me había hablado.
Después llegaron el impacto, el coma y la amnesia.
Durante un tiempo aquel instante permaneció bloqueado. El recuerdo regresó cuando pude volver al lugar del accidente y recorrerlo a pie.
Sentía curiosidad, comprender.
Con el tiempo he llegado a sentir que aquella fue la primera vez que escuché la voz de aquello que soy.
No puedo demostrar qué fue.
Solo puedo decir que la escuché.
Todavía se me pone la piel de gallina al recordarla.
Para mí, el cuerpo es materia.
Es la forma temporal que habito y a través de la cual puedo experimentar, sentir y reconocerme.
Sé que esta forma dejará de existir, pero no siento que aquello que soy quede reducido a ella.
No percibo la muerte como una desaparición absoluta, sino como el final de una forma y la continuación de un movimiento que nunca se detiene.
Cuando sé que alguien ha muerto, suele surgir en mí una frase sencilla:
«Ah, de acuerdo… regresó al hogar 🤍».
No nace de la indiferencia ni pretende negar el dolor que puede dejar una ausencia.
Es la expresión más sincera de cuanto siento.
Ese hogar no es para mí un lugar concreto ni un destino situado en alguna parte. Es aquello a lo que siempre he pertenecido, incluso mientras habito esta forma y vivo esta experiencia llamada Gérard.
Tengo claro que yo también regresaré al hogar.
La materia que hoy compone mi cuerpo adoptará otras formas. Y aquello que soy en lo más profundo continuará formando parte de ese movimiento del que nunca ha estado verdaderamente separado.
Tal vez por eso el cosmos me atrae cada vez más.
Cuando contemplo el cielo nocturno no siento que observe algo ajeno a mí.
No veo distancia.
Siento pertenencia.
Así lo veo y lo siento cuando alzo la mirada al cielo.
gerardunus
Regresar al hogar no es volver a otro lugar, sino reconocer aquello a lo que siempre he pertenecido.


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