Cuánta más atención pongo en mí, más reconozco cuánto queda por aprender y desaprender.
Es recurrente: observo episodios de reacciones breves a través del niño dolido. Lo percibo, lo observo; sin embargo, lo adecuado es no responder ni actuar desde ahí, sino hacerlo como adulto.
“No es simple.”
Trato de permanecer atento a mí tanto como sé. Es fácil encontrarse dopado en sueños inútiles, fantasías…
Es el camino. No conozco otro. En cada instante me observo, observo cuánto acontece, como quien contempla un valle desde la cima de la montaña: observar sin juicio, sabiendo que cada cual tiene su propia historia y trabaja en sí mismo.
¡No controlo absolutamente nada!
Cuando creo que algo ya está definido, que va a suceder, por algún motivo que ignoro sucede lo contrario. Tal vez permanezco demasiado enfocado en ello y desequilibro la balanza: esa sutileza entre confiar en el decreto y querer asegurar su resultado.
Me rindo absolutamente a ti, Conciencia Universal.
Aquello que deba ser, será, y así lo acepto.
Nada es casual. Todo cuanto surge en el camino es aprendizaje. Prefiero navegar la incertidumbre a dar por “hecho”.
Que sea como deba ser. Confío plenamente en ti.
Gracias, gracias, gracias…

Deja un comentario